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jueves, 5 de abril de 2012

EL MISTERIO DE LA CURACION ALQUIMICA

Con el término Alquimia se aglutina en una palabra una antigua práctica protocientífica que incluía disciplinas tan dispares como la filosofía, la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el esoterismo y el arte. La Alquimia comenzó a desarrollarse en el Egipto Helenístico y en sus orígenes se establecía un paralelismo entre la manipulación de los metales (la materia) y el progreso espiritual. El alquimista era pues, en su origen, alguien interesado en la transformación interior o espiritual y no un científico en el sentido actual del término. Trataba de conocer la materia para descubrir en ella la huella del Creador de todas las cosas. Tras la conquista de Egipto por los árabes, estos comenzaron a ocuparse de la Alquimia y tradujeron numerosos libros, que poco a poco fueron calando en occidente. La mayor parte de los escritores de alquimia lo hacían con símbolos, debido a las persecuciones de las que podían ser objeto usaban un lenguaje críptico velado a profanos. De entre los alquimistas más conocidos destacan Roger Bacon, Arnau de Vilanova, Ramón Llull, Nicolás Flamel, Fulcanelli, Cornelio Agripa, Salomón Trismosin y Paracelso, entre otros. Todos ellos tenían profundos conocimientos de alquimia, magia y astrología. Algunos sabían vincular sus conocimientos a la medicina, pero no todos. Paracelso ya nos advertía: “Aquel que puede curar enfermedades es médico. Ni los emperadores, ni los papas, ni los colegas, ni las escuelas superiores pueden crear médicos. Pueden conferir privilegios y hacer que una persona que no es médico, aparezca como si lo fuera pueden darle permiso para matar, pero no pueden darle el poder de sanar; no pueden hacerle médico verdadero si no ha sido ya ordenado por Dios. El verdadero médico no se jacta de su habilidad ni alaba sus medicinas, ni procura monopolizar el derecho de explotar al enfermo, pues sabe que la obra ha de alabar al maestro y no el maestro a la obra. Hay un conocimiento que deriva del hombre y otro que deriva de Dios por medio de la luz de la Naturaleza. El que no ha nacido para médico, nunca lo será. El médico debe ser leal y caritativo. El egoísta muy poco hará en favor de sus enfermos. Conocer las experiencias de los demás es muy útil para un médico, pero toda la ciencia de los libros no basta para hacer médico a un hombre, a menos que lo sea ya por naturaleza. Sólo Dios da la sabiduría médica”. Paracelso La Alquimia siempre estuvo unida al arte astrológico. Los elixires a base de plantas y de metales se fabricaban y preparaban teniendo en cuenta la posición de los astros. En la antigüedad se conocía con el nombre de Signatura Rerum (los signos de las cosas o La teoría de las signaturas) a la interrelación existente entre los astros del macrocosmos y el cuerpo humano y sus órganos, es decir, el microcosmos del Hombre. La alquimia usaba como base de sus compuestos medicinales estos conocimientos basados en la relación de las diferentes partes del cuerpo con los signos planetarios y ciertos metales. Plomo…Saturno…Los huesos. Estaño…Júpiter…El hígado. Hierro…Marte…. El sistema muscular y el páncreas. Cobre…Venus… Los órganos sexuales y el cabello Mercurio…Mercurio…La inteligencia y el cerebro. Plata…Luna…El estómago. Oro…Sol…El corazón. Para los antiguos alquimistas y astrólogos, la imagen del Cielo zodiacal o macrocosmos tenía que estar representada en el cuerpo humano al que se consideraba como un microcosmos. De este modo, el primer signo del Zodíaco, que era Aries, se relacionó con la primera porción del cuerpo humano comenzando por la cabeza. A Tauro se le relacionó con el cuello; a Géminis con los pulmones; a Cáncer con el estómago y pecho; a Leo con el corazón y el hígado; a Virgo con el vientre o los intestinos; a Libra con los riñones; a Escorpio con los genitales; a Sagitario con los muslos; a Capricornio con las rodillas; a Acuario con las pantorrillas y a Piscis con los pies. “Todo el Universo exterior visible, con todos sus seres, es una definición o una imagen del mundo interior, espiritual; todo lo que está en el interior y su manera de actuar posee el mismo carácter en el exterior. Del mismo modo que el espíritu de toda criatura representa y revela con su cuerpo su constitución nativa íntima, del mismo modo el ser eterno.” De signatura rerum – Jacob Boehme “Un médico antes de extender una receta debe mirar el cielo” “No se puede comprender al hombre, sino por medio del cielo, pues somos hijos del cielo”. “la fe es una estrella luminosa que guía al investigador a través de los secretos de la Naturaleza. Es necesario buscar vuestro punto de apoyo en Dios”. Paracelso Según la concepción alquimista existe una polaridad en todos o dicho de otro modo, siempre hay algo “sano” en un individuo enfermo y algo enfermo en uno sano. La enfermedad nos muestra con nuestra actitud ante ella que existen diferentes estados de conciencia y que el síntoma de cualquier enfermedad desenmascara nuestra sombra, es decir todo aquello que relegamos a la parte oscura de nuestro ser. La enfermedad así nos permite hacer visible lo interior u oculto, para llegar a ser más conscientes y sanarlo. PRINCIPIOS ORIGINALES: BASES ÁLQUÍMICAS Los tres principios en alquimia son las sustancias originales de las que todo el Universo surge. Son la Sal, el Mercurio y el Azufre. Nombres que se usaban para designar la correspondencia entre el cuerpo, el alma y el espíritu. o La Sal como elemento purificador. o El Mercurio como elemento de inteligencia o de conciencia superior. o El azufre como elemento de fuego. Así cualquier preparado alquímico curaba el cuerpo, el alma y el espíritu. LOS ARCANOS Estos conocimientos médico-alquímico-druídicos se basaban en siglos de tradición y eran transmitidos oralmente. Incluían remedios de todos los reinos, mineral (productos químicos), vegetal (fitoterapia) y animal, y a demás tenían un componente mágico o energético añadido. Todos estos elementos mezclados formaban el preparado alquímico medicinal comúnmente llamado Arcanos. Estos eran los grandes remedios secretos del los alquimistas. EL MISTERIO DE LA CURACIÓN ALQUÍMICA El medicamento alquímico actuaría sobre el organismo devolviéndole la vitalidad perdida e incitándolo a desarrollar fuerzas defensivas sin producir efectos secundarios. (Las disoluciones homeopáticas, actuan también de este modo, restituyendo el nivel energético del cuerpo intentando que sea el propio cuerpo el que recupere su salud). LAS SIETE REGLAS DE SALUD DE PARACELSO 1º Hay que respirar correctamente, con la mayor frecuencia posible, honda y rítmicamente, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber agua diariamente en pequeños sorbos, dos litros como mínimo, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Es necesario bañarse diariamente. 2º Hay que desterrar absolutamente de nuestro ánimo, por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza. Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe. 3º Hay que esforzase en hacer todo el bien posible. Auxiliar a todo desgraciado siempre que podamos, pero jamás tener debilidades por ninguna persona, ni esperar recompensa alguna por nuestros actos. Debemos cuidar nuestras propias energías y huir de todo sentimentalismo. 4º Hay que olvidar toda ofensa, más aun: hay que esforzase por pensar bien del mayor enemigo. Nuestra alma es un templo que no debe ser jamás profanada por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no nos hablara así de pronto, tenemos que prepararnos durante un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre nuestro espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofrecemos hoy para manifestarse, la carne débil. 5º Debemos recogernos todos los días en donde nadie pueda turbarnos, mínimo media hora, sentarnos lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y nos pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que nos guiará en tales instantes de silencio, a solas con nuestra conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates. 6º Debemos guardar absoluto silencio de todos nuestros asuntos personales. Abstenernos, como si hubiésemos hecho juramento solemne, de hablar de los demás y de todo cuanto pensemos, oigamos, sepamos, aprendamos, sospechemos o descubramos de los demás Esta regla de suma importancia. 7º Jamás debemos temer a los hombres ni nos debe producir sobresalto el día de mañana. Debemos tener nuestra alma fuerte y limpia y todo saldrá bien. Jamás podemos creernos solos o débiles, porque hay detrás de nosotros ejércitos poderosos. Si elevamos nuestro espíritu no habrá mal que pueda tocarnos. El único enemigo a quien debemos temer es a nosotros mismos. El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que poseen gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera sólo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo. Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal contra el Espíritu Santo. Posteado x Cometa Azul

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