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martes, 15 de febrero de 2011

Energía Femenina y Masculina


Cuando los alquimistas contemplaban la naturaleza, la vida en sus diferentes manifestaciones la percibían como la cópula entre lo femenino y lo masculino. Veían en la lluvia por ejemplo, la simiente masculina penetrando a la tierra. Heredados de antiquísimas tradiciones, tenían símbolos para representar a cada una de estas energías; sin duda entre estos, los más representativos fueron el sol para lo masculino, y la luna para lo femenino.
El mundo moderno, no ignora estas energías, pero pareciera conocerlas desde un lugar enciclopédico; se dice con sustento científico que el hemisferio izquierdo del cerebro es el encargado de los procesos lógicos y analíticos, del razonamiento, la linealidad, el lenguaje, los números y las abstracciones. Por su parte el hemisferio derecho procesa emociones, la música, es principalmente imaginativo, hay quienes dicen que conoce de manera intuitiva (por ser más holístico) y, del lugar que le demos en nuestra cotidianeidad, dependerá el grado de creatividad que alcancemos.
Bien, como es comprensible, ambas características de los hemisferios cerebrales parecen abarcar nuestra praxis del mundo, pero todos fortalecemos más una de ellas en detrimento de la otra; con fortuna las equilibramos ocasionalmente. Y esto parece ser el lado flaco de nuestra cultura. Pareciera que somos incapaces de vivir equilibrados en este sentido. Viendo el mundo no se presta a mucha discusión que es eminentmente masculino, vale decir, descompensado en favor del hemisferio izquierdo del cerebro.

El Hombre frente a La Mujer
La energía femenina, en este caso digamos como mujer, es el misterio a descubrir para todo hombre. Se inscribe como búsqueda de tal modo en el ser masculino, que se convierte en un imperativo ir hacia Ella. Pero del mismo modo, muchos hombres sienten una clase de ontológico temor frente esa fuerza femenina pues representa una otredad, lo desconocido. En estos casos, el hombre en un intento de contactar con la energía femenina, la de la mujer (que lo atrae, lo encanta) y evitando sentirse avasallado por ella, ejerce una forma de dominación, que se traduce especialmente en mecanismos analíticos de control; delimita de esta manera a esa energía femenina para poder asimilarla en los términos que el hombre cree que puede manejar y comprender.
Así como hombres, sucede que de ese insondable misterio que nos presenta toda mujer, hacemos una recorte lo más lógico posible de ese encanto. Y esto, como se evidencia, no es otra cosa que un mecanismo de defensa frente al temor de lo “otro”.
Cuenta “La Odisea” que “Las Sirenas” eran seres mitológicos con busto de mujer y cuerpo de pez, eran famosas por su bellísimo y mágico cantar con los que atraían a los navegantes y hacían que su barcos naufragaran y perecieran. Cuando Ulises se percató de que su barco pasaría frente a la costa de la isla de Las Sirenas, ordenó que sus marineros se taparan los oídos con cera y que a él lo amarraran al mástil del barco, pero no tapó sus oídos. Deseaba escucharlas, pero no perecer por ellas. Cuando escuchó el canto de las sirenas cuenta el mito, Ulises luchó desesperadamente para romper sus amarras mientras a gritos pedía ser desatado y así, ir hacia el canto femenino de las sirenas que lo llamaban... no lo ogró pues los marineros advertidos, no lo escucharon y el barco siguió su viaje. Desde ese entonces supo que había oído el más bello canto que jamás podría volver a escuchar y una forma de nostalgía acompañó por siempre al mítico navegante...

La Mujer
Allá por los años 60's y 70’s, frente al mundo que veía, John Lennon cantaba
“...la mujer es el negro del mundo...” era una forma de protesta que denunciaba el lugar que la sociedad de ese momento le daba a la mujer y una crítica dirigida a los hombres por su discurso ambiguo y siempre acusatorio. ¿Algo ha cambiado desde ese momento hasta ahora? Eso es sin duda discutible; en la superficie pareciera haber habido grandes cambios, no creo que haga falta enumerar los lugares sociales que ellas han ganado. Pero nuestra percepción de la mujer ha cambiado? Y aún más importante, ha cambiado la percepción que la mujer tiene de ella misma?
Desde muchos lugares se dice que la mujer ha logrado valorizarse y ganarse en un mundo masculino un lugar de respeto. Y se agrega que ellas han ganado en características antes atribuidas al hombre.
El respeto... tal vez aquí encontremos una hipocresía de los hombres, decimos que las respetamos porque se han sabido ganar un lugar en un mundo cuyas reglas están puestas por los hombres. Pero qué es el respeto antes que nada, sino permitir al otro manifestar su más verdadero e íntimo ser sin criticarlo o enjuiciarlo? ¿Qué es el respeto sino una forma de aceptación total por la individualidad del otro? Qué es sino, y antes que nada, una forma de amor, acaso la primera que deberíamos aprender.

Más allá de los géneros
Como seres humanos sabemos desde hace mucho, que en cada uno reside un aspecto femenino y masculino. Y tiendo a pensar que eso no es algo estático, al estilo de tanto por ciento masculino y tanto femenino, como se plantea en algunos test psicológicos, sino dinámico como la vida. Estas energías residen y se expresan en cada uno de nosotros y ambas son vitales; pero nuestra vida tal como la conocemos hoy parece ignorar su importancia en pos de apetitos más urgentes. Si pudiéramos percibirlas y vivirlas como energías en permanente danza, tal vez nuestros mejores esfuerzos se orientarían a reconocer que en ciertos momentos debe primar lo masculino y en otros los femenino, en cada uno, así como en nuestras relaciones y la relación con el mundo. Sería una forma de sintonizar los verdaderos y más profundos imperativos de la vida, cuyo secreto como creían los alquimistas era ese equilibrio de cópula entre ambas energías.
Sería como esos bailes donde en algunos momentos decidimos el baile, en otras lo decide nuestra pareja y en última instancia y de manera más profunda somos bailados por al música. No puedo evitar asociar esto con el tango como alguien que lo baila, pues en esta danza -hasta donde sé-, es donde mejor se plasma esto, desde luego en sus mejores expresiones. El tango en tanto baile, es una de las mejores formas de empezar a reconocer este juego de danzas entre lo femenino y lo masculino.... Si alguien lo duda, vale hacer la prueba.

Hasta aquí me he referido a energías femeninas y masculinas; tratando de evitar abstracciones del tipo “la mujer”, “el hombre”; como es claro, no lo he logrado. Estas abstracciones nos alejan de la mujer real: una amiga, novia, esposa, etc., y del hombre real con quienes compartimos nuestros días. El lenguaje es altamente inexacto para expresar cualidades inherentes a la vida, sin embargo, no deja de ser un medio válido de acercamiento a una comprensión mutua.
Así, mientras escribo, releo lo que escribo, hago correcciones, "están conmigo" personas reales que involuntariamente contribuyen y nutren este escrito. Por las mujeres que he tenido la suerte de conocer, me arriesgo a decir que “la Gracia y la Belleza” son atributos femeninos por excelencia. Sin duda, habrá muchísimos más, casi del mismo modo en que hay distintas mujeres. Sin embargo, destaco la Gracia y la Belleza porque en la gracia se cifra una fluidez que evoca vitalidad, luz, y en la belleza (que nada tiene que ver con los cánones de belleza sociales, mediáticos) se manifiesta una armonía de lo físico y lo espiritual. A veces, esto es un exquisito equilibrio que algunas mujeres muestran en un grado tal, que conmueve.
Finalmente lo que prevalece es el misterio, siempre será así en tanto no hagamos de la vida el ejercicio de lo ordinario.

En este sentido lo que hacemos son diversas formas de búsqueda de uno mismo, del otro, del mundo. Y buscar es también tener la disposición para ver más, de ampliar los horizontes de percepción y des-cubrir. Si como hombre abandonamos esa hábito de dominación frente al mundo que nos rodea, se pueden abrir nuevos caminos para una nueva clase vínculo con lo femenino, vale decir con la mujer y también una oportunidad para la complitud personal.
Si las mujeres se sienten libres de ejercer la Gracia y la Belleza y tantos otros atributos femeninos puede ser que los hombres aprendamos de ellas a vivir con alegría el asombro frente a la otredad, y acortar ese a veces cotidiano encuentro-desencuentro.

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