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domingo, 11 de julio de 2010

Las Sombras del Monoteismo

Las tres principales religiones del mundo –la cristiana, la judía y la musulmana– son tan distintas como iguales. Apuntan a lo mismo de distintos modos, pero si hay algo que las identifica, aparte de su origen común recogido en el Antiguo Testamento, es que rompieron el monopolio del politeísmo, la creencia en infinidad de dioses que manifestaban todas las culturas del mundo.

Las tres principales religiones monoteístas del mundo, la judía, la cristiana y la musulmana poseen una fuente de información que para cada una de ellas es de origen divino. En el caso del judaísmo esta información está recogida en la Biblia hebraica, dividida en tres grandes partes. La primera de ellas es la Torá (el Pentateuco de los cristianos) formada por cinco libros; Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Este conjunto de textos recoge toda la información sobre los sucesos acaecidos a la humanidad desde la creación del mundo hasta la muerte de Moisés en víspera a la entrada de la tierra prometida por Dios al pueblo de Israel.

La segunda parte de la Biblia hebraica abarca desde la conquista de la tierra prometida hasta el periodo que los judíos denominan como el de los últimos profetas, donde se pueden encontrar libros como Jueces, Samuel, Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amos, Malaji, Jonás, etc. La tercera parte de este conjunto de textos sagrados esta conformado por los “Ketubim” (escritos). Comprenden desde el siglo VII a.C. hasta el periodo persa, el regreso a Israel después del exilio y la construcción del Segundo Templo de Jerusalén. Se pueden encontrar desde escritos filosóficos como el Eclesiastes, los 150 salmos atribuidos al Rey David o otros salmos y proverbios como los de los libros de Job, Daniel, Esdras, Nejemías, etc.

Junto a la Biblia hebraica (Torá) existe otro conjunto de textos que recogen las leyes y tradiciones del pueblo de Israel, como lo son el Talmud, el Tratado Zeraim, el Moadim, el Seder Nezikim, el Seder Nashim, el Kodashim y el Teharot-tehará.
El cristianismo, a partir de la aparición de la figura de Jesús, retomó libremente la Biblia hebraica. Incorporó la Torá o Pentateuco judío (Antiguo Testamento), como parte de su tradición. Eliminó multitud de libros, y entre ellos muchos que relataban la vida de Jesús. Este reinicio de la tradición judía aparece en el Nuevo Testamento, una auténtica escisión y herejía del judaísmo, siendo sus principales libros los cuatro Evangelios canónicos, seleccionados después de no pocas discusiones teológicas a lo largo de gran cantidad de tiempo en los distintos concilios que la Iglesia Cristiana celebró, como en el año 325 (Concilio de Nicea) o en el 363 (Concilio de Laodiciea), y en donde gran cantidad de textos fueron declarados apócrifos, por considerarse que no fueron escritos bajo inspiración divina. ¿Qué requisitos eran necesarios para aceptar un texto como revelado por Dios?. Pues los expertos que participaron en estos concilios o foros de discusión, utilizaron según ellos a la hora de elegir, la inspiración del Espíritu Santo. Ante este dogma que iniciase San Pablo, el auténtico creador de la religión cristiana, poco más podemos añadir.

Como si de una carrera de obstáculos se tratara, la
religión musulmana retoma gran parte de la tradición judeo-cristiana seis siglos después de la aparición de Jesús, a quien considera un profeta más y no el hijo de Dios. EL libro del Corán es el libro sagrado de los musulmanes. Está formado por una recopilación de oráculos escritos en lengua árabe, y que al igual que la Torá o la Biblia cristiana, fueron inspirados por revelación divina, en esta ocasión a Mahoma (Muhammad ibn Abdallah), entre los años 610 y 632 d.C. Existen otros textos que recogen las palabras personales del profeta, pero que no son reconocidas como la palabra de dios, y a las que se les concede un gran valor, constituyendo lo que los musulmanes llaman “hadiz” o tradición. El Corán primero y, luego las tradiciones, forman la base de todo el islam.

Un solo Dios, ¿una sola verdad?

Pero si hay algo que identifica a estas tres religiones, aparte de su origen común recogido en el Antiguo Testamento, es que rompieron el monopolio del politeísmo, la creencia en infinidad de dioses que hasta el momento de su aparición constituían la corriente predominante en todas las culturas del mundo.

El paso mayoritario de una fe politeísta a otra monoteísta, constituye un verdadero hito histórico de la humanidad, el cual ha merecido y merece todo tipo de estudios. Pero no es mi intención profundizar en este aspecto en el presente trabajo.
Más bien, mi intención es la de constatar algunas lagunas o sombras que aparecen en los textos sagrados de las tres principales religiones monoteístas del mundo, y que según su propio principio de fe, fueron y son la palabra de Dios Todopoderoso, un Dios único y verdadero, un Dios omnipresente, justo y misericordioso.

El Antiguo Testamento cumple perfectamente el nexo de unión de las tres religiones, y sus patriarcas, con Abraham a la cabeza, representan sin ningún genero de dudas el inicio de la singladura de éstas tres religiones en un periodo de tiempo que ha abarcado muchos siglos hasta nuestros días.

Y es precisamente en los libros de la Torá, Pentateuco (del griego pentateujos=los cinco volúmenes) o Antiguo Testamento donde se pueden encontrar fragmentos que conducen a formularnos serias preguntas. Preguntas que cuestionan la creencia en un solo Dios.
Por: Luz de la Puente y Carlos E. Casero

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