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miércoles, 9 de mayo de 2012

BUSCAD LA VERDAD QUE ELLA OS HARA LIBRES

Intentad imaginaos, por un instante, que sois un extraterrestre. Acabáis de recorrer varios años luz con vuestra cosmonave y os dirigís al planeta Tierra. Tenéis la misión de explorar ese planeta, de tomar contacto con sus habitantes para intercambiar saber y obtener información a todos los niveles. Si todo va bien, si llegáis a la conclusión de que sus habitantes son honestos y están dispuestos a todo por la paz, la Tierra podría entonces ser admitida en la Federación Intergaláctica. Y con un espíritu abierto, se podrían establecer contactos con habitantes de otros planetas. La conciencia terrestre utilizaría claramente este avance, que llegaría también a los terrenos de la tecnología y de la salud. Ellos propulsados en la órbita terrestre. Encendéis pues vuestro monitor y os abandonáis a la casualidad de las ondas. Captáis entonces una estación emisora de informaciones que transmite lo que pasa en la Tierra. Comprendéis que estáis en un planeta guerrero donde los habitantes luchan, no contra un planeta enemigo, sino entre sí, desde hace milenios. Eso estabais muy lejos de imaginarlo. Primera verificación: ningún concepto puede justificar esas guerras, pues unos luchan en nombre de su fe, otros por el color de su piel. Algunos no están satisfechos con el tamaño de su país, otros combaten para sobrevivir, pues no tienen nada que comer. Otros, aún, no dejan de pensar en el dinero, pero la mayoría piensa sólo en sí mismo. Llegáis a la conclusión de que este planeta no está maduro para recibir las informaciones y tecnología que tenéis para ofrecer. Sea cual fuese el país donde aterrizaseis, lo cierto y seguro es que vuestros presentes no servirían para el bien de todos los habitantes de la Tierra, sino tan solo para los intereses egoístas de los dirigentes de cada país. Entonces es posible que pensaseis en vuestro planeta natal, en la época en que también estaba en guerra. Seguramente eso acaeció hace milenios, y no deseáis revivir ese escenario en manera alguna. Además habéis verificado que se han lanzado “misiles” contra vuestra cosmonave. Tomáis vuestra decisión: visitar otro planeta. Vosotros, lectores, ¿os habéis preguntado también por qué los hombres están siempre en guerra? El sabio suizo Jean-Jacques Babel verificó que desde los últimos 56 siglos, la humanidad lleva organizadas 14.500 guerras, que provocaron tres mil millones y medio de muertes. Esto representa la mitad de la población mundial de hoy en día. Solamente en el año 1991, por ejemplo, se registraron 52 guerras o focos de crisis en nuestra Tierra. Esto significa que después de numerosos conflictos en este planeta, entre los cuáles dos guerras mundiales en un siglo, aquel año vio oponerse recíprocamente 104 ideologías, cuyas demandas debían ser muy importantes para justificar nuevamente la masacre de muchos millones de seres humanos. ¿Qué finalidad impele, pues, a la guerra entre los hombres? Desde hace siglos el motivo de la guerra es el rompecabezas de las organizaciones de paz, y también de los filósofos. Llegaron a la conclusión de que casi todas las criaturas de la Tierra se enfrentan regularmente por falta de alimento y de territorio. No podemos atribuir al ser humano la agresividad de los animales entre sí, pues él posee, además, una inteligencia, una conciencia y una ética. Pensemos en la diferencia que existe entre dos animales predadores luchando por su presa, y las multinacionales armamentísticas que viven de la venta de armas y por tanto de las crisis permanentes. Que la “lucha por la vida” puede servir como distracción, es algo que se sabe desde la antigua Roma, donde bajo la divisa de panem et circenses (el pan y los juegos que distraen el pueblo), los gladiadores combatían entre sí, para regocijo de la plebe, impidiéndoles pensar en su propia desgracia. Es el mismo principio que en nuestros días mantienen la televisión, el vídeo y los grandes encuentros de fútbol: le dan al ciudadano la posibilidad de escapar al vacío y al peso de la existencia. Pensemos ¿de qué nos alejan pues los medios de comunicación? Es preciso preguntarnos de qué tendríamos conciencia si no estuviésemos constantemente distraídos de nosotros mismos. No es ninguna novedad que un tercero saque ventaja de la guerra entre dos países. Es bien sabido que “cuando dos personas contienden entre sí, una tercera se alegra”. Ya sea que apliquemos la frase a un país o a un planeta entero, veremos cómo se cumple. Por ejemplo, los sistemas bancarios que hacen un préstamo a un país beligerante, tienen interés en que la guerra no termine pronto. Es por medio de guerras y perturbaciones que se puede impulsar a un pueblo a aceptar, e incluso a desear, que surjan instituciones que él jamás habría espontáneamente consentido (por ejemplo: la OTAN, la ONU). Entre tanto, para aquéllos que no se interesan especialmente por eso - excluyamos a los muertos – no existe una relación entre las guerras de los dos últimos siglos. ¿Es posible que sólo la industria armamentística saque provecho de ello? ¿Qué lleva a los seres humanos a odiarse indefinidamente hasta el punto de matar a sus propios congéneres? ¿Qué es tan importante como para llevarnos a exterminar una vida? ¿Acaso no aprendimos nada de los cientos de miles de seres humanos muertos en las guerras, y del sufrimiento que ello ocasionó? Tomemos, por ejemplo, a la ex - Yugoslavia, en la que muchos pueblos que vivían en paz desde hace décadas, acaban de masacrarse. ¿Qué lleva de repente a esos seres humanos a considerar como sus peores enemigos a sus hermanos, que vivían en la misma ciudad, hablaban la misma lengua, usaban las mismas vestimentas, compartían el mismo amor, las mismas alegrías, los lloros y las risas? ¿Qué hace que maten a sus niños, violen a sus mujeres y envíen a sus esposos a campos de concentración? ¿No resuena nada en nosotros? ¿Será que verdaderamente son motivos ideológicos, propios de ciertos grupos, los que causaron esa guerra? ¿O será necesario encontrar quién está detrás de esto? ¿Quién puede asumir la parte del tercero? ¿De dónde proviene, pues, la idea preconcebida del adversario, inculcada en el ser humano por las religiones, los libros escolares y por los medios de comunicación? ¿Cuál es el objetivo de las personas que están en la base de esta idea y sobre la que machacan constantemente? ¿Quién saca provecho de la creciente hostilidad y de la degeneración de la humanidad? ¿Quizá Satán, Lucifer, Ariman, Baphomet u otras entidades “intangibles”, a quiénes gustosamente les echamos la culpa? En este libro contaremos la historia de algunos personajes bien tangibles que, en 1773, establecieron un proyecto en Frankfurt en una casa de la Judenstrasse (Calle de los Judíos). Querían preparar el camino para su gobierno mundial único hacia el año 2000, por medio de tres guerras mundiales. Un proyecto perfectamente elaborado, basado en las cobardías y en los miedos de los seres humanos, y que acabaría por volverse en contra de ellos. En sí, la finalidad de un gobierno mundial nada tiene de nuevo, pues el Vaticano siempre buscó hacer de nuestro mundo un mundo católico. Por esta razón, torturó y masacró a millones de seres humanos, como la historia demuestra. El islamismo tuvo la misma finalidad, y siendo la mayor y más fanática de las religiones, tiene todas las oportunidades. No nos olvidemos que la ideología rusa “pan-eslava”, instaurada originalmente por Guillermo el Grande, exigía la eliminación de Alemania y Austria, y la anexión de India y Persia, tras el sometimiento de Europa. Notemos también la ideología de “Asia para los asiáticos”, que reclama que la confederación de los estados asiáticos esté bajo el control de Japón. Notemos también la ideología “pan-germánica”, que prevé un control de Europa por parte de Alemania, para extenderse más tarde por el resto del mundo. Las personas que este libro menciona no tienen nada en absoluto que ver con cualquier dogma, y no pertenecen a ninguna nación. No son ni de izquierdas, ni de derechas, ni liberales, pero utilizan todas las instituciones para conseguir sus fines. Naturalmente, forman parte de una organización cualquiera, pero solamente para dificultar eventuales búsquedas, para crear confusión entre los “curiosos” y conducirlos así a una pista falsa. Esas personas se sirven tanto de cristianos como de judíos, de fascistas como de comunistas, de sionistas, mormones, ateos, satanistas, pobres, ricos, ¡de todos! Pero se sirven principalmente de los ignorantes y de los perezosos, de aquéllos que se desinteresan por la vida y de aquéllos que no poseen un espíritu crítico. Entre los iniciados, las personas citadas arriba se denominan los Iluminati, el Big Brother, el gobierno invisible, los hombres grises, el gobierno oculto, el gobierno secreto, el Establishment. Según mis fuentes, los procedimientos de los Illuminati (Iluminados, aquéllos que saben) sobre la Tierra se remontan más o menos a 3.000 siglos antes de Cristo, cuando se infiltraron en la “Fraternidad de la Serpiente”, en Mesopotamia, de la cual se sirvieron para fines negativos. Es más que probable y posiblemente cierto que este drama se iniciara mucho tiempo antes del período antes mencionado, en la época en la que se desarrolló “el ego”. Podemos remontar este acontecimiento a un período preciso de la historia simplemente gracias a la acción de la “Fraternidad de la Serpiente”. Es sólo después de 3.000 generaciones que se le agregaron otras agrupaciones, tales como los judíos, los cristianos, los francmasones u otras comunidades religiosas que conocemos. Como indica la lectura de este libro, algunos miembros de la comunidad sionista trajeron hasta nuestros días, entre otras cosas, este juego del cual no son ni los creadores ni el objetivo. Lo que comenzó antaño funciona aún hoy según las mismas modalidades. Para nosotros es suficiente mirar la situación presente para ver dónde se encuentra el problema. Podemos ligar el sistema de pensamiento o de fe de los Illuminati al de Maquiavelo, el maquiavelismo, o la justificación de una política de poder desprovista de normas éticas y, como consecuencia, de cualquier escrúpulo político. He aquí un pequeño ejemplo de poder: Imaginemos que sois el nuevo rey de un país y anheláis tener la seguridad de continuar siéndolo. Convocáis por separado a dos personas, de las que tenéis la certeza que harán lo que les digáis. A una les dais directrices “de izquierda” y la financiáis para que pueda crear un partido. Con a otra actuáis de la misma forma, haciéndola crear un partido “de derecha”. Acabáis de dar vida a dos partidos en oposición. Financiáis la propaganda, los votos, las acciones, y estáis exactamente al corriente de sus más mínimos movimientos. Ello significa que controláis a los dos. Para que un partido tenga ventaja sobre el otro, sólo tenéis de darle más dinero. Los dos jefes de partido creen teneros de su parte, y sois así “amigo” de los dos. El pueblo está de esta forma preso en ese vaivén entre “izquierda” y “derecha”, y ni siquiera puede imaginar que, como rey, podéis ser el origen de la disensión. El pueblo incluso va a pediros auxilio y consejo. Tomemos otro ejemplo: el dinero. Durante la Guerra de Secesión (1861-1865), los estados del Norte, contrarios a la esclavitud, combatían a los del Sur, que querían mantenerla. Antes de la guerra, la familia Rothschild envió agentes suyos para reforzar una conexión “a favor de la Unión” con los estados del Norte y, al mismo tiempo, otros agentes suscitaban una actitud “contra la Unión” con los estados del Sur. Cuando estalló la guerra, el banco Rothschild de Londres financió los estados del Norte, y el de Paris, los del Sur. Los únicos que ganaron esa guerra fueron los Rothschild. Resumamos brevemente el sistema: 1. se provoca el conflicto, haciendo que los hombres luchen entre sí y no contra aquéllos que son la causa de la disensión; 2. no aparecen como el verdadero instigador; 3. sostienen a todos los partidos en conflicto; 4. se hacen pasar por una “instancia benevolente” que podría dar fin al conflicto. He ahí el camino que siguen los Illuminati para la dominación del mundo: provocar tanta discordia como sea posible entre los seres humanos y las naciones de la Tierra, que perdidos en una nube de informaciones contrarias, no podrán llegar hasta los verdaderos instigadores. Las sociedades secretas internacionales les sirven de poderoso instrumento para sembrar la discordia entre los seres humanos. Las estudiaremos más de cerca. Los seres humanos, empeñados durante mucho tiempo en guerras, acabarán cansándose de combatir y vendrán a "implorar” un gobierno mundial. Entonces es cuando el plan se vuelve evidente. Se exige a la “instancia benevolente” que de fin al conflicto. ¿Y quién representa ese papel en nuestro planeta? ¡LA ONU! Veremos quién se encuentra en realidad tras la ONU. Los Illuminati a quien nos referimos, no importa quiénes sean, son los hombres más ricos del mundo. No aparecen en televisión ni en otros sistemas indirectos, ya que poseen y controlan no sólo estos medios de comunicación, sino todos los servicios informativos. Si se llega a hablar de ellos, es siempre en términos neutrales o positivos. La mayor parte del pueblo no conoce sus nombres. Ni siquiera se volvieron célebres los autores que desenmascararon sus maquinaciones, aunque habrían merecido un premio Nobel. Reaccionar sería lógico, ¿pero cómo seis mil millones de seres humanos pueden defenderse contra algo de lo cuál no conocen ni la existencia? No olvidemos que casi todos los hombres han estado - y están - de tal forma preocupados con sus propios pequeños problemas personales que jamás tienen la visión global de los acontecimientos de este mundo ni de su entorno. ¿Dónde perdieron esa visión? La mayor parte de la civilización actual sufre de “indiferencia política” y se ha retirado de tales acontecimientos. El desinterés es debido a la penuria de los tiempos, a la falta de interés, de crítica y de conocimientos específicos. Absteniéndose seguramente no cambiará nada. Al contrario, eso es lo que quieren nuestros “dirigentes”. Todo aquél que deserta facilita la tarea de los Illuminati. La verdad que se impone en primer lugar es conocer más sobre sus hechos y ademanes. Como afirmó un gran instructor del mundo: “Buscad la verdad, y la verdad os hará libres”. En consecuencia, podríamos dividir a los seres humanos en tres tipos: 1. los que actúan; 2. los espectadores de los acontecimientos; 3. los que se sorprenden de que haya acontecido algo. Fuente: Extracto de Las Sociedades Secretas de JAN VAN HELSIG Posteado x Cometa Azul

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