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jueves, 8 de septiembre de 2011

MAS SOBRE EL TRIANGULO DE LAS BERMUDAS….

En los anales del misterio y el enigma, el extraño caso del Triángulo de las Bermudas, Triángulo del Diablo o Limbo de los perdidos es uno de los fenómenos más conocidos a nivel mundial, sin que hasta ahora nadie haya podido descifrar tal misterio. De los innumerables relatos de las tantas desapariciones de grandes barcos y aviones que han ocurrido allí, conozcamos una de las más insólitas: Era un día claro lleno de sol, los mares estaban en calma y el cielo completo de nubes. Aún cuando era época de post-guerra en Estados Unidos, la Marina y la Aviación continuaban con sus entrenamientos cotidianos ya que, la base aérea de Fort Lauderdale, en Florida, estaba particularmente interesada en mantener a sus pilotos permanentemente adiestrados. Era el 5 de diciembre de 1945. Ese día, 5 aviones Avenger TBM estaban listos para despegar, cuya misión consistía en alejarse 160 millas al este, en línea recta, dar vuelta al norte y regresar a su base. Al mando del vuelo iba el teniente Charles Taylor, veterano de la marina y experimentado piloto. La tripulación de cada avión era de tres hombres, por lo que en total participarían 15. Cada uno de los aparatos tenía gasolina suficiente para volar el equivalente de 1660 km; sus motores, la radio y los equipos salvavidas fueron minuciosamente chequeados y reportados en buen estado. En el momento de dar el aviso para despegar, sólo faltaba un hombre que, sintiéndose enfermo, se quedó en tierra. Los meteorólogos habían pronosticado buen tiempo en toda el área de su recorrido. A las dos de la tarde despegaron sin novedad los cinco aviones y, tomando en seguida la formación de vuelo, se lanzaron rumbo al mar a buena velocidad. Durante casi dos horas, el vuelo 19 se estuvo reportando con regularidad a su base. A las 3:45, un desconcertante mensaje cruzó el espacio hasta la Torre de Control: "¡Torre de control, Torre de control, esta es una emergencia! Nos hemos salido de curso. ¡Estamos perdidos! ¡No podemos avistar tierra!". Enseguida, el radio operador de la Torre contestó extrañado: “Informen su posición". "No estamos seguros de nuestra posición. Repetimos, no podemos ver tierra No sabemos si estamos sobre el Atlántico o sobre el Golfo". Torre de control: "Tomen rumbo hacia el oeste, pronto verán tierra". Vuelo 19: "No sabemos hacia donde está el oeste. Todo esta mal y muy extraño. El mar luce muy raro". Inexplicablemente, tras terminar la frase, se cortó la comunicación. A pesar del buen tiempo había demasiada estática y por momentos se escuchaban los diálogos de los pilotos entre sí. Diez minutos más tarde se restableció el contacto. Los radio operadores podían escuchar el ruido de los motores, pero no las voces de los pilotos. Para entonces, el pánico había hecho presa en aquellos hombres que ya no eran pilotos experimentados, sino seres invadidos por un gran temor. Poco antes de las cuatro se escuchó: "No sabemos nuestra posición. No sabemos dónde estamos. Creemos que a unos 360 km al noroeste de la base". Nuevamente se cortó la comunicación debido a la estática. Segundos después se restablecía: "El mar es muy extraño. Parece que estamos sobre aguas blancas". Y de nuevo el silencio. La Torre intentó comunicarse con ellos, pero por alguna extraña razón parecían no captar las señales de la base. Ya en estado de alerta, durante algunos segundos que parecieron siglos, el personal de la base, no volvió a escuchar nada más. La tensión fue rota al escucharse otra vez las conversaciones de los miembros del escuadrón: "Estamos completamente perdidos. Parece que…" Y esas fueron sus últimas palabras. En la base todo era desconcierto. Durante el tiempo que duró la comunicación, parte del personal de la Torre se preocupó por trazar posiciones y calcular la ruta que habían seguido al extraviarse e intentaron hacer contacto con otras naves próximas al área; pero todo fue en vano. Sólo quedaban conjeturas. ¿Qué había podido desorientarlos de ese modo? ¿Cómo explicar las interferencias de la radio en un día tan claro? Y sobre todo, ¿Qué peligro habían enfrentado que los había hecho perder la calma de ese modo? Las horas siguientes fueron de frenética acción. La alarma puso en movimiento a todo el personal. Los Avenger, bombarderos de combate, eran magníficos aparatos y estaban perfectamente bien equipados para el ataque (casi una tonelada de bombas o un torpedo submarino). Además, contaban con un poderoso motor de 1600 caballos y alas plegables para su fácil acarreo en portaaviones. Su autonomía de vuelo era muy amplia y tenían un equipo especial para facilitar la supervivencia en alta mar. Cada uno tenía un aparato radiotransmisor, por lo que más que pensar en una falla mecánica, el personal de tierra temía que un disturbio atmosférico los hubiese averiado ya que las turbulencias y bolsas de aire son imprevisibles y más de una nave ha caído a causa de ellas. Incluso, aunque improbable, un ataque enemigo no se descartaba, pues la guerra recién había terminado. Sin embargo, nada podía explicar lo que les había podido suceder. El radio operador estimó que el último punto en que habían hecho contacto con el escuadrón había sido a unos 150 km al noreste de la base naval de Banana River, en la costa de Florida. A ese punto y sus alrededores fue enviado un hidroavión con trece hombres a bordo, el poderoso Martin Mariner, especializado en rescate anfibio. Durante los minutos de vuelo, la Torre de Control mantuvo estrecho contacto con el hidroavión. Inesperadamente, el Martin Mariner logró establecer comunicación con el Vuelo 19: “Hidroavión Martin: Atención Vuelo 19, Atención Vuelo 19, estamos volando hacia ustedes para guiarlos de regreso, ¿Qué altitud tienen?" pero la interferencia no dejó escuchar completa la respuesta, sino las últimas tres palabras: "¡No nos sigan!", "¡No nos sigan! y luego se perdió la señal para siempre. Dicho diálogo también fue captado en la base. Desde algún lugar desconocido, los pilotos habían alcanzado a enviar un mensaje para alertar a sus compañeros. Pero, ¿alertarlos de qué o de quiénes? Mientras tanto, la tripulación del Martin Mariner, más alerta que nunca, escudriñaba metro por metro la superficie del mar. Durante los siguientes siete minutos, el comandante del hidroavión se estuvo reportando a la base e informaba que no había huellas de naufragio en la zona. Minutos después dejó de escucharse también la señal del Martin Mariner lo que hizo que se perdiera el contacto con su tripulación. Un silencio sepulcral fue la única respuesta. Nunca más los marinos volverían a ser vistos ni escuchados. Completamente perplejo, el comandante de la base dio la orden de comenzar lo que sería la búsqueda más intensa y cuidadosa llevada a cabo en mar y aire; pero también… la más infructuosa. El nombre de Triángulo de las Bermudas se debe a que está ubicado en un área geográfica con forma de triángulo, de 1,1 millones de km, situada en el océano Atlántico entre las Islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale (Florida) y es tristemente famoso en lo anales de lo misterioso porque, en ese sitio, considerado de alta peligrosidad por los hechos inexplicables y siniestros que allí se suceden, se han producido innumerables desapariciones de barcos, aviones y botes, incluyendo a sus tripulaciones. Se calcula que más de 80 naves y 40 aviones se han perdido en ese lugar sin dejar rastro alguno. Como suele suceder en ese tipo de siniestros marinos, siempre se ha creído que los restos de las naves flotarían por algún tiempo y que en consecuencia deberían ser encontrados considerando que muchos de esos extraños casos han sucedido en días que se registraron con marea tranquila y cielo despejado. Sin embargo, no sólo no han podido ser encontrados sino que otros aviones o barcos que han salido en su ayuda, se han perdido también misteriosamente. En el caso de los Avenger y el Martin Mariner, el misterio creció al conocer que el informe del accidente de la Marina atribuyó la desaparición causas desconocidas. Este misterio se remonta a tiempos inmemoriales. Otras historias relativas hablan de barcos encontrados abandonados con comida aún caliente en las mesas y aviones que desaparecen sin siquiera haber lanzado siquiera una llamada de socorro. La ausencia de restos se alega a menudo como prueba del misterioso poder del triángulo. Ante este fenómeno aún sin descifrar existen explicaciones de todo tipo, incluyendo rayos mortales que procederían de La Atlántida y secuestros por parte de ovnis. Desde que se conoce, el fenómeno de las desapariciones de numerosos aviones, barcos, marineros, pilotos y turistas aún no ha sido esclarecido, ya que jamás se han hallado restos ni supervivientes. Todo lo que alguna vez entró allí, nunca más se volvió a ver. Desde barcos y buques que navegaban por esa zona, hasta aviones a los cuales se les vio entrar a una neblina para esfumarse sin dejar indicio alguno y no volver a aparecer nunca más. Según algunos científicos que han estudiado este extraño caso, tales desapariciones se atribuyen a muchas causas, entre ellas, que en ese lugar existen grandes campos de energía proveniente del fondo de la Tierra y es por esto que las comunicaciones se cortan; otros piensan que el triángulo está relacionado ampliamente con criaturas extraterrestres y ovnis; en cambio, hay quienes piensan que en ese lugar se encuentra el portal que une esta dimensión a otra. Si esta teoría fuese cierta, las personas que allí han desaparecido habrían sido transportadas a otra dimensión, lo cual no es muy descabellado, ya que son numerosas las personas que desaparecen en muchos lugares del mundo sin volver a aparecer jamás. Otros autores hablan de visitantes extraterrestres venidos del espacio para llevarse hombres y aparatos modernos a fin de estudiarlos, mientras que otros señalan que estas desapariciones se deben a seres antropomorfos, pertenecientes a una civilización muy desarrollada, que viviría en cápsulas submarinas en el fondo del océano. Ese lugar podría también ser el centro de una distorsión espacio-temporal que arrastraría a los barcos y a los aviones a épocas distintas a la nuestra o a otras dimensiones. Una respuesta más probable de aceptar sería la existencia de un campo magnético muy poderoso susceptible de explicar algunos de los fenómenos observados, como la descompostura de los instrumentos de a bordo. Aviones, barcos desaparecidos, anomalías electromagnéticas, brújulas que se vuelven locas y modernos aparatos de navegación que no responden, son la constante en esa tenebrosa zona. Estos fenómenos insólitos ocurren desde tiempos inmemoriales en el también llamado Triángulo de la Muerte, donde incluso, durante sus viajes por el mar Caribe Cristóbal Colón ya hacía referencia a cuerpos extraños vistos en esa zona como luces en el horizonte, donde los avistamientos de ovnis son frecuentes. Muchos testimonios se refieren a sucesos poco habituales de fenómenos visuales incomprensibles y observaciones de curiosas luces submarinas. En 1966 el remolcador de salvamento Good News, que cubría la ruta Puerto Rico-Fort Lauderdale se encontró sacudido por un mar encrespado y rodeado por una neblina muy espesa, lo que descompuso el compás y los instrumentos eléctricos, pero cuando el navío salió de esa bruma misteriosa, el mar estaba calmo y los instrumentos comenzaron a funcionar normalmente. Un fenómeno similar le sucedió en 1972 al piloto Chuck Wakely cuando volaba entre Bimini y Miami. Wakely vio que las alas de su avión se volvían transparentes y en pocos minutos la cabina de pilotaje era inundada por una extraña luz, mientras el aparato cambiaba de dirección sin que él pudiera evitarlo. Finalmente la luz se desvaneció y los instrumentos volvieron a operar. En 1975, cuando la lancha costera Diligence iba en auxilio de un carguero en llamas, su radio se apagó bruscamente sin razón alguna. La tripulación vio unas misteriosas luces verdes que caían del cielo. La investigación posterior no arrojó explicación racional de la falla ni de los extraños fenómenos. Uno de los incidentes más raros y más conocidos ocurrió durante un corto vuelo a la Isla del Gran Turco, en Las Bahamas, cuando la experta piloto Helen Cascio, conducía su Cessna 172 y se aproximaba a la isla. La Torre de Control le iba dando las instrucciones. Después de contactarse varias veces, en una de ellas Helen no respondió aunque el canal de la radio seguía abierto, lo que permitió que los operadores escucharan a la piloto decirle a su único pasajero: "Creo que he hecho una falsa maniobra. Esta debería ser Turco, pero ahí no hay nada. No hay aeropuerto, no hay casas, no hay nada...", mientras que los controladores continuaron frenéticamente intentando entrar en contacto, pero Helen no los oía. Luego recibieron la que sería la última frase que escucharon: "No hay manera de salir de esto". Del avión de Helen nunca se encontró huella alguna, ni de ella ni de su pasajero. Posteado x Cometa Azul

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