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jueves, 17 de febrero de 2011

Meditación del Aquí y el Ahora


1 - Una meditación posible
Frecuentemente sucede que cuando nos disponemos a meditar, nos proponemos –concientes de ello o no- entrar en otro estado de conciencia, un estado de conciencia que nos brindará un sosiego frente al constante barullo del diálogo de la mente. Pero no es raro que nos topemos con el hecho de darnos cuenta de que “algo” nos sabotea llegar a un estado meditativo. Pareciera ser que no contamos con las herramientas que nos ayuden para lograrlo; en realidad, contamos con esas herramientas, sólo que no las conocemos o no las sabemos usar; pero están al alcance.
Lo primero que debemos replantearnos y asumir, es el error de realizar una meditación para cambiar el estado actual de conciencia cualquiera sea en el que me encuentre. Vale decir que no me dispongo a meditar para cambiar cómo me estoy sintiendo o funcionando. No voy en busca de un estado ideal que no estoy teniendo. Eso sería como percibirme con carencia, y nadie podrá darme algo no esté en mí de alguna forma latente al menos.
Sí, aunque parezca una contradicción no se trata de proponerse un cambio, se trata de la aceptación total del momento con todas sus circunstancias. Cómo ya es sabido, el hecho de generar una resistencia hacia algo, hace que eso se manifieste más intensamente. Entonces, lo primero que elijo es meditar aceptando mi estado actual de conciencia (el de ese preciso momento), sin análisis ni juicios; sintiendo lo que ese momento está manifestando, y lo hago porque es un aspecto del ser atemporal que soy manifestándose a través de mi yo temporal.
Lo que estaremos realizando entonces, es un cambio de conciencia pero desde un lugar que no es el de la pretensión de ego, en todo caso el ego, -y no hay que descartarlo- asistirá al cambio como un observador. Veámoslo esquemáticamente:

Meditación fallida:
Estado actual -->Pretensión de cambiar --> Fracaso en la meditación.

Meditación del Aquí y Ahora:
Estado actual --> Aceptación incondicional --> Cambio a un nuevo estado de conciencia

Como se ve, en la meditación del Aquí y Ahora se propone que el río de nuestro ser encuentre su cause y no diseñar un cause para que ese río, infinito por cierto, encaje en él. El aceptar, si se quiere verlo así, produce el cambio. Además, qué clase de pretensión es ésa en la que se aspira a que el Ser se adapte a los parámetros de una mente?!
Un paso que deberíamos valorar será el habernos desligado de la carga implícita que supone un objetivo al meditar, un objetivo que idealizamos al punto de parecer actividad para seres superiores.

2 – El cuerpo es conciencia: las herramientas
Lo anterior puede ser entendido como un muy breve marco teórico, así que en esta parte se abordará el Cómo.
Nos olvidamos con demasiada facilidad que el cuerpo es conciencia. En general somos demasiado mentales y todo lo asociado a la conciencia queda dentro de lo que “entendemos” sucede en la cabeza. Y así parecería que ése es el territorio donde se dirime el hecho de vivir estados de conciencias más elevados.
Sin embargo, se sabe hoy con certeza que el cuerpo es un registro de nuestro estado de conciencia, y en este sentido es tan válido como la conciencia misma: ES CONCIENCIA. Así que la primera herramienta que tomaremos para la meditación del Aquí y el Ahora es considerar al cuerpo como conciencia. Para esto nos valdremos de los sentidos; estos serán el pasaporte para adentrarnos en la conciencia del cuerpo. La palabra clave en estos pasos es ATENCIÓN, y por atención se entiende un estado de percepción. Llevaremos la atención hacia lo que estamos sintiendo, evitando entrar en interpretaciones. Así iremos sumando lo que percibimos con cada sentido. Y si acaso comenzamos a interpretar, aceptaremos el hecho suspendiendo el juicio. Así de simple, volviendo al cuerpo.

EL SENTIDO DEL TACTO
1- Empezaremos la meditación llevando la atención al cuerpo: la posición de éste, la ropa que nos viste, su temperatura, lo que registra nuestro mayor órgano: la piel. Conviene recorrer con la atención desde los pies hasta los cabellos de la cabeza. Se trata de sentir al cuerpo, lo que no significa entrar en un análisis del estado corporal, sino de sentir con el cuerpo.
En determinado momento empezaremos a sentir los latidos del corazón. Si bien al principio vamos enfocando (los pies, las piernas etc.) al ir sumando enfoques, el punto central será no enfocarnos en nada en particular, sentir globalmente nuestro cuerpo.
Manteniendo la atención lograda a partir del tacto, seguimos.

EL SENTIDO DE LA AUDICIÓN
2- Lo que podría parecernos una distracción será una herramienta para adentrarnos en la aceptación del momento: los sonidos del afuera son también lo que estamos siendo y por eso forman parte de nuestro ser. Escuchar. Otra vez, si bien empezaremos enfocando sonidos, escucharemos de un modo global.
Manteniendo la atención lograda a partir del oído, seguimos.

EL SENTIDO DEL OLFATO
3- En este caso, lo orientaremos más a la respiración. En general el sentido del olfato no lo tenemos tan ejercitado como para registrar olores sutiles. La respiración es un acto mágico de vida. Si estamos más orientados a encontrar un ritmo de respiración armonioso podemos aprovecharlo, pero debemos tener presente que se trata de no forzar nada.

EL SENTIDO DEL GUSTO
4- En general sucede que el gusto entra a participar del acto perceptivo cuando es estimulado por algo externo, sin embargo, hay un gusto en cada momento en nuestra boca, pero no iremos en busca de él, lo atenderemos, si aparece.
Quisiera dejar de lado por lo menos al principio el sentido de la vista; las razones son del todo evidentes. Somos predominantemente visuales y en un principio será difícil que nuestra vista deje de enfocar, y cambie hacia una visión global, porque el enfocar es la primera tarea que le damos a los ojos, a cada momento.

El ahora posee una riqueza de la que muy vagamente somos concientes. Hemos desarrollado una conciencia de objetos, percibimos fragmentadamente: acá esto y esto y esto y allá aquello, y aquello, etc. Si esta meditación propone un desafío, es el de abarrotar esa conciencia de objeto para que colapse y nos lleve a un lugar no determinado.

Una alegoría posible para entender esto que es mejor hacerlo con entusiasmo, sin ponerse demasiados serios, es la de convertirnos en un todo oreja. Y así como ella es el espacio por donde el sonido pasa, convertirnos por un momento en el espacio por donde el momento presente pasa y asistir a eso con alegría. Es encontrar, encontrarnos; como el encuentro con un amigo del que queremos tener noticias y asistir a lo que él nos cuenta.
Ese amigo existe y es una voz propia que el ajetreo diario a veces calla, pero que está disponible si nos disponemos a ella. Este texto es un modo, uno más, que posiblemente nos permita el encuentro.


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