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jueves, 24 de febrero de 2011

LA LUZ DE AKHENATON NOS LLAMA…

NEFERTITI Y AKHENATON Fueron una pareja carismática, entregada por amor, al proyecto monoteísta de instaurar un culto único, que pudiera hermanar al hombre con un solo Dios.

Nefertiti había sido instruida en los misterios y tenía compenetrada en su alma la parte femenina de un Avatar.

Ella sabía que Dios vive consciente, creativo y directivo en los Soles del
Universo.
Que cada Sol contiene la genética planetaria y los espíritus de cada individuo. Ella sabía que en los Soles viven los Elohim, señores creadores de vida.
Que cada Sol es un Padre, un Cristo, un pequeño delegado de la Suprema esencia Divina. Es por esto que enseguida se incorporó como suprema sacerdotisa al culto a Aton.


Hubo un especial encuentro en la pirámide entre Akhenaton con el gran Ramerik; Maestro Supremo de Orión, que en los tiempos del nacimiento del Viejo Imperio, habría venido con el nombre de Ra, para instruir a Thotek y los primeros Faraones, él le informó que No era posible establecer entre su pueblo el culto a una sola unidad de conciencia.

No se daban las condiciones sociales, políticas y sobre todo espirituales que permitieran romper las supersticiones religiosas, el dominio de la casta sacerdotal y la ignorancia de la mayoría de los educadores de su pueblo.
Recibió la orden de Dispersar a la Fraternidad.
Akhenaton, se refugió en una profunda tristeza interior, dejando el imperio en manos de sus funcionarios. Ya no sería más el Rey, sino el ermitaño del desierto.

La Fraternidad se reunió una vez más bajo la Gran Pirámide.
Se escondieron los símbolos sagrados.
Se ocultó el escarabajo de diamante límpido. Se cerraron las galerías.
Se ocultaron los libros de Thot; de alguno de los cuales, se habían hecho copias en los años anteriores. (Muchos de estos libros fueron pasto de las llamas en el incendio de la Biblioteca de Alejandría).
Se inundaron varios pasadizos. Los “Señores de las Estrellas” dejaron en la sala oval de la Gran Pirámide el testimonio de su presencia, puesto que uno de sus vehículos aún permanece allí en nuestros días.

El llanto, y la impotencia de los setenta y dos hermanos resonó en todo el Cosmos.
Tembló la palmera, lloraron todos los perros de Egipto.
Se obscureció el cielo.
Trepidó la tierra.
Los niños en las cunas gritaron al unísono desconsolados.
El tiempo paró y el espacio se encogió en aquella ceremonia de la Fraternidad de los Hijos del Sol.
Nefertiti y Akhenaton abrazaron a cada uno de sus hermanos.
Todos se conjuraron para retornar unidos en las siguientes vidas.
En el centro de la sala oval se dibujaron las siluetas de Ramerik, Isis, Osiris, Anubis.

Fue el “adiós” de aquel tiempo para adentrarse en “hasta la eternidad” del reencuentro.

Es por esto que nuestros corazones laten cuando el espíritu inmortal rememora los símbolos del “Corazón Púrpura”, “La Rosa” “La Cruz”, ciertos sonidos, ciertas posturas, ciertas imágenes, que siguen guardadas en nuestras almas...

Tomado del http://www.magiahechicera.blogspot.com/

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