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martes, 20 de julio de 2010

El Horno Microondas – se nos olvida vivir……..

Este artefacto tan común en nuestros casas, resume lo que es la vida moderna, en donde el tiempo, es tan escaso como el oro, por tanto, no lo podemos desperdiciar esperando que los alimentos se cocinen a fuego lento y vayan inundando nuestra cocina de un rico olor, como antes ocurría, cuando nuestras abuelas tenían como única misión, el preocuparse del buen funcionamiento del hogar, de la salud, de la educación y de la alegría de sus miembros.

Hoy en día, prima la impaciencia por vivir, tanto que se nos olvida lo que es realmente Vivir, pasamos sin Ver, oímos pero no Escuchamos, tenemos alma y espíritu, pero no tenemos tiempo para hacernos conscientes de lo que esto significa. Cada vez, nos asemejamos más a un animalito bien amaestrado, que trabaja para comer y consumir todo lo más que pueda y con la mayor prisa que le sea posible.

Este apuro en nuestro vivir cotidiano, nos hace olvidar las cosas realmente importantes, como es la convivencia real con nuestra familia y con todos los seres humanos, cada vez la comunicación es menor, ignoramos lo que piensan y sienten los demás. Hemos olvidado que “conocer a nuestros hermanos, entender sus problemas y aprender a amarlos es una de las experiencias más valiosas de esta vida” 1431 porque “tener sensibilidad y saber responder a las necesidades de los hombres, genera una felicidad genuina y duradera y estas actitudes cordiales, a la vez salvan el alma de las influencias destructoras de la ira, el odio y la sospecha” 1575 sentimientos tan comunes en estos días.

Pero el microondas no es sólo un paradigma de nuestra prisa por vivir, sino que de su constitución, también podríamos sacar muchas enseñanzas, si nos diéramos un poquito de tiempo para pensar en las similitudes con nuestra vida espiritual.
Recordemos que Jesús se valía de las cosas más simples para hacerse comprender mejor, a través de sus parábolas, porque cuando las verdades, se ponen al alcance de nuestro intelecto, se nos hace más fácil comprenderlas y sacarles el significado, lo cual es esencial para nuestra sobrevivencia eterna, pues “los recuerdos que no han tenido significado espiritual, perecen con nuestro cerebro material”

Los hornos microondas funcionan transformando la energía eléctrica en ondas de alta frecuencia, las microondas que son ondas parecidas a las de radio y televisión penetran en el interior de los alimentos y el agua que ellos contienen, provocan una fricción entre las moléculas produciendo calor.

El campo electromagnético generado en el horno mueve literalmente las moléculas de agua orientándolas en una dirección. Pero apenas las moléculas de agua se orientan en una dirección determinada, el campo magnético se invierte, con los que todas las moléculas de agua cambian su posición (rotan). Estas inversiones de la orientación del campo electromagnético suceden rápidamente, a razón de 2.500 millones de veces por segundo, lo que produce calor por fricción. Por tanto, el alimento se calienta por el roce de las moléculas de agua, que se están moviendo, girando sobre sí mismas, a gran velocidad.

El microondas necesita el agua de los alimentos para poder funcionar, por eso un plato vacío no se calienta. El cuerpo humano que está compuesto por un 70% de agua, tampoco funciona sin este elemento, depende de él para sobrevivir. De la misma forma, nuestro espíritu tampoco tiene sobrevivencia eterna, si no recibe el agua de la vida, que Jesús nos entregó.

El calor del microondas fluye de afuera hacia adentro, de igual forma lo hace el espíritu, que necesita de la materia externa para evolucionar “el hombre crece conscientemente, desde lo material hacia lo espiritual, por la fuerza, poder y persistencia de sus propias decisiones.”

La rotación que ejecuta el microondas, la podríamos comparar con la necesidad de que nuestra vida espiritual no sea estática ni dogmática, para que no se convierta en una mera creencia. El renacer cada día, es una condición de la religión personal del espíritu.

Hacer estas reflexiones, es probable que a muchos espiritualistas doctos, les parezca un absurdo y hasta un sacrilegio, sin embargo yo creo que “como la perfección es nuestra meta eterna, pero no nuestro origen” 846 debemos tener estas pequeñas “ayuda memoria” para recordarnos que somos hijos de Dios y que debemos actuar cada vez más como tales, no sólo los días que vamos al templo, sino en medio de nuestra vida cotidiana, vulgar y silvestre.

Mientras más convergencias encontremos en lo cotidiano y nuestra vida espiritual, mejores serán los resultados, porque los frutos del espíritu nacen de él, pero se deben ganar en el vivir de cada día, porque “el amor, la alegría, la paz, la resignación, la dulzura, la bondad, la fe, la humildad y la templanza” 381 sólo se pueden adquirir y manifestar en el trato común con nuestros hermanos, porque “no es necesario largas horas de meditación solitaria para recibir el espíritu.

Pentecostés, disocia la idea de la experiencia espiritual, del concepto de un medio ambiente particularmente favorable” 2064 para recibir la guía del espíritu.
Para quien esté extrañando que no mencione la adoración, como uno de los elementos básicos en la espiritualidad, me permito recordar que “la adoración es la técnica de buscar en el Único, la inspiración para servir a muchos” 1616 porque “el individuo verdaderamente religioso intenta identificar el yo, con el universo y luego dedicar las actividades de este yo unificado, al servicio de la familia universal de sus semejantes, humanos y sobrehumanos”

Aquí esta el núcleo central de toda evolución espiritual, en el yo unificado, en la medida que no haya separación, ni menos inconsecuencia entre la vida cotidiana y la espiritual, el espíritu podrá renacer cada día y sus frutos podrán ser aprovechados por todos los que nos rodean, de la misma forma que el microondas, al dar vueltas produce el calor invisible pero real, nuestra vida también podrá irradiar la luz y el calor de las enseñanzas de Jesús, aún sin hablar de ellas, porque “por las obras podrán reconocer que somos sus discípulos.”

“No olvidéis jamás, que para un hijo de Dios, nada de lo que haga es ordinario. Haced pues vuestro trabajo, como si fuese para Dios.”2049 porque “aislar parte de la vida y llamarla religión, es desintegrar la vida y distorsionar la religión” 1124
Cuando de esta forma, el yo está unificado y regido por la guía de nuestro Ajustador, nuestras vidas toman su verdadera dimensión, pues no sólo se limitan a no hacer el mal, sino que se va mucho más allá, porque la meta es “vivir una vida celestial mientras estamos en la tierra, mediante la diaria sumisión a la voluntad del Padre”

De esta forma, trabajamos para nuestra sobrevivencia eterna, pero también, nos convertimos en socios de Dios, porque con nuestra vida recta, estamos colaborando en la evolución del Supremo. “Las partes y los individuos del gran universo, evolucionan como reflejo de la evolución total del Supremo, mientras a su vez, el Supremo es el total acumulativo de toda la evolución del gran universo.

Desde el punto de vista mortal, ambos son recíprocos, evolucionarios y experienciales”
Como podemos ver, estamos lejos de ser polvos y convertirnos en polvo, nuestro destino es infinito y nuestra responsabilidad, no es sólo personal sino también cósmica, pues todo lo que hacemos o dejamos de hacer, tiene una repercusión en el gran universo, pues “el culto verdadero, en último análisis, se convierte en una experiencia llevada a cabo en cuatro niveles cósmicos, el intelectual, el espiritual, el personal y el moroncial, es decir la conciencia de la mente, el alma y el espíritu y su unificación en la personalidad”

“La voluntad del Creador y la voluntad de la criatura, son cualitativamente diferentes, pero también son semejantes en cuanto a la experiencia, puesto que la criatura y el Creador, pueden colaborar en el logro de la perfección del universo”

Cuando tomamos conciencia de nuestra filiación divina y de nuestra participación en los planes divinos, dejamos de sentirnos veletas movidas por el viento de las circunstancias y comenzamos a hacernos cargo en forma consciente de nuestro destino y de nuestra responsabilidad cósmica. No podemos entonces quejarnos de los males que azotan al mundo sin de inmediato preguntarnos y ¿yo que estoy haciendo para remediarlo?

Recordemos que el ser fiel y consecuente, a nuestra propia religión del espíritu, es la mejor, más verdadera y eficaz ayuda que podemos entregar a la paz y al mejoramiento de las miserias humanas, porque nuestros pensamientos y emociones tienen vida propia, que pueden ayudar o destruir el universo entregado a nuestro cuidado, porque “son nuestros pensamientos los que nos conducen a Dios”1105
“Lo mas valioso de todo, tu potencial para el logro verdadero, es el espíritu que vive dentro de ti, que estimulará e inspirará tu mente, para que se controle a sí misma y active tu cuerpo, si lo liberas de las cadenas del temor, permitiendo así que tu naturaleza espiritual comience a liberarse de la inacción, mediante el poder y la presencia de tu fe viviente”

Entonces, todo lo que hagas, no será por cumplir con un mandamiento impuesto, sino que será la expresión íntima, de un hijo que ama a su Padre, porque “la rectitud que nace de la experiencia, es un placer, no un deber”

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