BLOGGER TEMPLATES - TWITTER BACKGROUNDS »
Photobucket
Mostrando entradas con la etiqueta misterios del mas alla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta misterios del mas alla. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de septiembre de 2012

FUEGOS SOBRENATURALES EN CUERPOS HUMANOS


Entre todos los destinos inexplicables que pueden aguardar a una persona, quizás el más extraño sea el de arder inesperadamente, sin que ninguna causa aparente lo justifique. A este fenómeno se le ha intentado dar varias explicaciones racionales... pero nadie lo ha conseguido.


 
 
 

 
Desde hace mucho tiempo, la gente cree que en ciertas circunstancias el cuerpo humano puede arder por decisión propia. Las llamas, además, son tan terribles que en pocos minutos la víctima queda reducida a un montón de cenizas carbonizadas. Esta creencia -algunos la llaman superstición- existe desde hace siglos y se basa en la idea del castigo divino contenida en el libro de Job. Este fenómeno fue muy popular en los siglos XVIII y XIX, y entre otros, el famoso novelista británico Charles Dickens se sintió fuertemente atraído por el tema. Dickens había examinado los casos de combustión espontánea humana (que abreviaremos Che) como podría hacerlo un juez, conocía la mayor parte de los primeros casos, y describió algunos de ellos en sus obras (por ejemplo, la muerte de Krook en La casa desierta, escrita en 1852-53).

La muerte de la condesa Cornelia Bandi, de 62 años, acaecida en abril de 1731 cerca de Verona, es uno de los primeros informes fiables de Che. Según parece, la condesa se había acostado después de cenar y se quedó dormida después de conversar varias horas con su doncella. Por la mañana, la doncella volvió a despertarla y presenció una escena horripilante. La habitación estaba cubierta de hollín y el suelo cubierto de un líquido pegajoso; de la parte inferior de la ventana goteaba un extraño líquido amarillo y grasiento, que hedía de forma poco usual. La cama, que no había sufrido daños, tenía las sábanas vueltas, indicando que la condesa se había levantado. A un metro y medio de la cama había un montón de cenizas, dos piernas intactas, con medias, entre las que yacían el cerebro, la mitad de la parte trasera del cráneo, el mentón y tres dedos ennegrecidos. Todo el resto eran cenizas que si se tocaban dejaban en la mano una humedad grasienta y hedionda.

Quizá la característica más común de la CHE sea la gran velocidad con que se produce. Muchas víctimas fueron vistas con vida pocos momentos antes de que el fuego sobreviniese desde la nada. Un cirujano italiano, Battaglio, relató la muerte de un cura llamado Bertoli, en la ciudad de Filetto, ocurrida en 1789. Vivía con su cuñado, y en cierta ocasión se hallaba solo leyendo un libro de oraciones en su cuarto. De pronto se le oyó gritar. Los que acudieran en su ayuda le encontraron en el suelo en vuelto en una pálida llama que se apagó al acercarse ellos
Bertoli llevaba una túnica de tela de saco de bajo de sus vestidos, cerca de la piel, y en seguida se comprobó que la ropa de encima se había quemado dejando intacta la túnica. De bajo de la túnica, la piel del tronco no estaba quemada, pero colgaba de la carne a jirones. Algunos autores deducen que el fuego debe desarrollarse con extrema rapidez, puesto que las víctimas se hallan a menudo sentadas tranquilamente, como si nada hubiese ocurrido.

Otra característica casi universal de la CHE es la extrema intensidad de calor que genera. En circunstancias normales es muy difícil quemar un cuerpo humano, máxime si está vivo, y los cuerpos de las personas que mueren envueltas en llamas normalmente sólo sufren daños parciales o superficiales.

Todos los expertos afirman que la reducción de un cuerpo humano a un montón de cenizas calcinadas requiere una gran cantidad de calor, y que se debe echar combustible y mantener el fuego durante horas: a pesar de ello, los crematorios suelen incluso moler los huesos que quedan. A raíz de un caso de CHE, el doctor Wilton M. Krogman, antropólogo forense de la Universidad de Pennsylvania, declaró que había visto cuerpos quemando en un crematorio durante 8 horas a 1.110°C sin que hubiese ningún indicio de que los huesos se calcinasen o se hiciesen polvo, y que se necesita una temperatura de unos 1650 °C para que los huesos se fundan y se volatilicen. En el caso de Léon Eveille, de 40 años, que fue encontrado completamente quemado en el interior de su coche cerrado en Arcis-sur-Aube (Francia) el 17 de junio de 1971, el calor había fundido los cristales del coche. Se calcula que un coche al quemarse alcanza una temperatura aproximada de 700 °C , pero que para que se funda el cristal la temperatura tiene que superar los 1.000 °C .

En los casos de CHE nos encontramos repetidamente con otro extraño fenómeno: la localización del calor. Los cuerpos abrasados se hallan estirados en camas intactas, sentados en sillas ligeramente quemadas o con los vestidos en perfecto estado.

En 1905 el British Medical Journal relató la muerte de "una anciana señora de costumbres extravagantes". La policía irrumpió en una casa de la que salía humo y encontró: un pequeño montón piramidal de huesos humanos calcinados encima del cual se hallaba un cráneo, en el suelo y delante de la silla. Todos los huesos habían sido completamente quemados y carbonizados; cada partícula de tejido blando se había quemado, y sin embargo un mantel que estaba a tres pies de los restos se hallaba intacto... Curiosamente, el techo estaba también quemado, como si la mujer se hubiese convertido en una antorcha de fuego.

Charles Fort, uno de los principales interesados en estos temas, narra en sus Obras Completas (1941), dos casos asombrosos. El primero, recogido por el Daily News el 17 de diciembre de 1904, describe cómo la señora Cochrane, de Falkirk, fue encontrada muerta por quemaduras en su habitación y "totalmente desfigurada". No se oyó ningún chillido, y muy pocos objetos resultaron quemados. El fuego no estaba encendido. Se encontró su cuerpo carbonizado "sentado en una silla, con cojines a su alrededor". El segundo caso, relatado en el Madras Mail del 13 de mayo de 1907, se refiere a una mujer del pueblo de Manner, cerca de Dinapore. Se había quemado su cuerpo, pero no sus vestidos. Dos guardias la encontraron en una habitación intacta, y llevaron el cuerpo aún ardiente al Magistrado del distrito.

En 1841 el British Medical Journal publicó el discurso que el doctor F. S. Reynolds dirigió a la Sociedad Patológica de Manchester en relación a la cuestión de la CHE. A pesar de que rechazaba la idea de la combustión espontánea, admitió la existencia de casos desconcertantes, y citó un ejemplo extraído de una experiencia personal: una mujer de cuarenta años que había caído cerca de una chimenea. Fue encontrada a la mañana siguiente, aún ardiendo. Lo que le sorprendió fue el daño que habían sufrido las piernas: el fémur estaba completamente carbonizado y envuelto en unas medias intactas; las articulaciones de las rodillas estaban abiertas.

Algunos especialistas en CHE se han planteado el hecho de que las víctimas no griten ni luchen. Es algo más que un simple quemarse: existen algunos elementos psíquicos que preceden o acompañan a este hecho y que podrían explicar la apatía o incapacidad por parte de las víctimas supervivientes de explicar lo que les ocurrió. Así por ejemplo, el Huil Daily Mail del 6 de enero de 1905 describió cómo una anciana mujer, Elizabeth Clark, fue encontrada una mañana con quemaduras mortales, sin que su cama, en un hospital de Hulí, registrase marcas de fuego. No se había oído ningún grito ni ruido de lucha a través de las mamparas. La mujer fue "incapaz de dar un relato coherente" de su accidente, y murió poco después.

La combustión humana espontánea ha recibido las críticas más severas por parte de la ciencia. El gran pionero de la química, el barón Justus von Liebig, escribió una apasionada refutación de las combustiones preternaturales o espontáneas, basándose en el argumento de que nadie las había visto.

Como hombre de ciencia, consideraba las pruebas históricas como un dato no comprobado de la creencia en la CHE , más que como pruebas reales de muertes por incendio espontáneo. Además, se lamentaba de la falta de testigos expertos y no tomaba en cuenta otros testimonios, porque "proceden de personas ignorantes, sin experiencia en la observación y llevan en sí mismos la marca de no ser dignos de confianza".

Por otra parte, han sido varios los intentos de dar una explicación científica a la CHE. Entre ellos destaca el de algunos médicos de principios de siglo, pioneros de la patología. Según su teoría, en ciertas condiciones el cuerpo puede generar gases que se queman al entrar en contacto con el oxigeno. Así por ejemplo, el ilustre científico barón Karl von Reichenbach escribió sobre el "miasma de putrefacción" de los cuerpos humanos. Sin embargo, Liebig no encontró pruebas de que este gas existiese "en cuerpos sanos o enfermos, ni siquiera en la putrefacción de cuerpos muertos".

Dixon Mann y W. A. Brend, en su Forensic Medicine and Toxicology (1914), explicaron el caso de un hombre obeso que murió dos horas después de ingresar en el hospital Guy de Londres, en 1885. Al día siguiente se encontró su cuerpo muy hinchado, con la piel distendida y completamente lleno de gas, a pesar de que no había señales de descomposición. "Cuando se le pinchó en la piel, el gas salió y se quemó con una llama parecida a la del hidrógeno; ardieron simultáneamente más de una docena de llamas." Si el hombre hubiese muerto en su casa, cerca de un fuego, hubiéramos tenido otro caso de "combustión espontánea".

De todas maneras, un gas de este tipo dentro de los tejidos del cuerpo seria fatalmente tóxico, y provocaría una grave enfermedad o incluso la muerte de la víctima

Normalmente estos síntomas no se manifiestan: a menudo las víctimas han sido vistas vivas poco antes de que se quemaran. Esta teoría tampoco sirve para explicar el hecho de que los vestidos permanezcan muchas veces intactos sobre el cuerpo carbonizado.

Como alternativa a la teoría de la enfermedad, podríamos considerar que ciertas funciones orgánicas o mecánicas de los procesos del cuerpo están alteradas. Ivan Sanderson. y antes que él Vincent Gaddis, estudiaron la formación de fosfágenos en el tejido muscular, en especial la vitamina B1.

En ciertas personas sedentarias, el fosfágeno, compuesto similar a la nitroglicerina y de formación endotérmica, podría acumularse en cantidades anormales, de manera que los cuerpos se volvieran fácilmente combustibles. Esto podría explicar la propensión de algunas personas a arder, pero falta aún identificar el por qué de la "chispa de encendido".

Los casos de CHE que afectan a varias personas a la vez son extremadamente raros. El barón Liebig pensó que el hecho de que se produjesen simultáneamente varios casos de CHE refutaba la citada teoría de la enfermedad, puesto que según su experiencia una enfermedad no seguía nunca el mismo curso en dos o más personas en cuanto a síntomas, culminando con sus muertes simultáneas. Ciertamente, ninguna de las enfermedades sugeridas provoca tales efectos.

En la mayor parte de testimonios sobre CHE, el escepticismo es el que domina; si contamos con un considerable número de casos, ha sido gracias a los esfuerzos de personas como Charles Fort. El fue el primero que se ocupó de compilar relatos de fenómenos extraños. La fuente principal de donde se ha extraído esta información han sido los periódicos y, sobre todo, las revistas médicas: son los médicos forenses y sus ayudantes quienes tienen la poco envidiable tarea de enfrentarse con pruebas que parecen contradecir las leyes físicas y las opiniones médicas. Es inevitable que en los informes que ellos redactan se hagan suposiciones acerca de tropezones con estufas, chispas, fumadores descuidados y, en el caso de niños, de juegos con cerillas.

Sin embargo, fue el interés médico-legal el que mantuvo viva la idea de la CHE , junto con los patólogos que confirmaron primero el fenómeno y después lo rechazaron en favor de la combustión preternatural. Además, cabía la posibilidad de que un asesino simulara una CHE para ocultar su crimen. Uno de los primeros casos ocurrió en Reims, en 1725, cuando Jean Millet, un posadero, fue acusado de mantener relaciones con una bella criadita y matar a su mujer. Ésta, que bebía a menudo, fue hallada una mañana a unos 30 cm de la chimenea.

Según se dijo entonces, "sólo una parte de la cabeza, con una porción de las extremidades inferiores y unas pocas vértebras, habían escapado a la combustión. Unos 45 cm del pavimento debajo del cuerpo se habían consumido, pero una artesa y un mortero que estaban muy cerca no habían sufrido daños". Un joven médico ayudante, llamado Le Cat, se hospedaba en la posada, y logró convencer al tribunal de que ésta no era una muerte ordinaria por quemaduras sino una "visita de Dios" a la mujer borracha y un resultado obvio de empaparse las tripas con alcohol. Millet fue declarado inocente y le Cat se transformó en un médico distinguido que publicó una memoria acerca de la CHE.

Más de un médico podría contar que a lo largo de su carrera ha observado combustiones fatales y misteriosas, aunque dichos informes suelen surgir de manera espontánea y casual, y no suelen reflejarse en la prensa. Según la experiencia de algunos médicos, se presenta aproximadamente una vez cada cuatro años.

De hecho, los modernos investigadores de la CHE desmienten la idea de que el fenómeno sea tan poco frecuente como sugieren algunos comentaristas. Existen cada vez más casos testificados por médicos y patólogos, y su número aumentaría, probablemente, si se pudiera eliminar el temor al ridículo que conllevan los temas que, como éste, desafían las leyes científicas comúnmente aceptadas.
     
 Nada de lo que escuches, sin importar quien lo diga. Nada de lo que leas, sin importar dónde esté escrito. Nada debes aceptar, sin previo discernirlo. Y por ti mismo, deberás decidir su validez o no. ¡Investiga! Cometa Azul Te saluda

UN CIRUJANO DE ULTRATUMBA

 
 
 
Puede el espíritu de un hombre muerto hace más de cuarenta años tomar posesión del cuerpo de otro, efectuar a través de él una operación imaginaria... y conseguir una curación? He aquí el asombroso caso del doctor Lang.
 
Actualmente, el doctor Lang es más conocido que nunca. Su reputación por ayudar a las víctimas de diversas enfermedades -a veces cuando han fallado todas las demás terapéuticas- es internacional. Se le puede consultar en su clínica de Aylesbury (en Buckinghamshire, Inglaterra), o bien en otras que dirige en Europa y en Estados Unidos. Nada hay de extraordinario en ello hasta que se sabe que el doctor Lang, o, para ser más exactos, mister William Lang, reputado cirujano y especialista en oftalmología, falleció en 1937 a la edad de ochenta y cuatro años.

Al parecer, desde 1946 el doctor Lang ha proseguido su labor a través del médium británico George Chapman, y la asociación de ambos se ha convertido en uno de los casos más interesantes en los anales de las actividades mediúmnicas.

Chapman fue criado por sus abuelos en Liverpool, y desempeñó varios empleos antes de alistarse en los Irish Guards en 1939. Más tarde pasó a la Royal Air Force y estuvo destacado en la base de Halton, Buckinghamshire, donde conoció a una muchacha del lugar y se casó con ella. Una vez terminada la segunda guerra mundial, se incorporó a la brigada de bomberos de Aylesbury.

En aquella época, Chapman lloraba todavía la pérdida de su hijita Vivian, que murió en 1945, un mes después de su nacimiento, y trataba con afán de descubrir si existe otra vida después de la muerte. Fue entonces cuando uno de sus colegas le hizo asistir a sesiones espiritistas, donde recibió "mensajes" que le indicaban ya que había sido elegido para convertirse en sanador, en vista de lo cual siguió practicando sus facultades mediúmnicas con un reducido grupo de amigos.

Al principio, estas sesiones no tuvieron nada de particular. Chapman se sumía en un trance, y varias supuestas entidades o espíritus hablaban a través de él. Sin embargo, no ignoraba los problemas que pueden surgir al confundir trucos del subconsciente con una genuina capacidad como médium, y no dejaba de buscar una oportunidad para comprobar personalmente los hechos.

La oportunidad surgió cuando un cirujano llamado Lang empezó a "aparecer" durante sus sesiones. Con el tiempo, el cirujano facilitó una copiosa información sobre su vida y su muerte, suficiente para que Chapman localizara la pista de William Lang, que había ejercido su carrera en el Middlesex Hospital de Londres entre 1880 y 1914.
Esta identificación permitió a Chapman comprobar a fondo la autenticidad de la identidad de Lang con varias personas que lo conocieron durante su existencia terrenal. Miembros de la familia de Lang y varios de sus colegas médicos tuvieron sesiones regulares con Chapman, en el transcurso de las cuales hablaron con el difunto cirujano; todos ellos certificaron su identidad.

En 1947 Chapman conoció a la hija de Lang, Lyndon; con el tiempo llegaron a ser íntimos amigos, y se vieron regularmente hasta que Lyndon falleció en 1977. Ella no abrigaba la menor duda acerca de que, a través de Chapman, había estado en comunicación con su difunto padre: «Puedo asegurar que el William Lang que actúa a través del cuerpo de George Chapman es, sin la menor duda, mi padre.»

Susan Fairtlough, nieta de Lang, tuvo que convencerse de la supervivencia del cirujano, a pesar de su resistencia a admitir tal cosa. Viajó hasta Aylesbury para ver a Chapman, dispuesta a denunciarlo como embaucador, pero con gran horror por mi parte, o mejor dicho, estupefacción, el hombre que se encontraba en esa habitación era indiscutiblemente mi abuelo. No era él físicamente, pero era su voz... su comportamiento. Me habló y recordó hechos exactos de mi infancia. Y yo quedé tan impresionada que sólo sabía decir: «Sí, abuelo. No, abuelo.»

Cuantos han conocido personalmente a George Chapman, y a través de él han hablado con el doctor Lang, saben que existe una acusada diferencia entre el tono de la voz, el vocabulario y los tics verbales del Chapman real y los del Chapman controlado por Lang. Sin embargo, no hay que olvidar que se han dado casos de ciertas personas que han conseguido ofrecer intencionadamente o bajo hipnosis representaciones muy convincentes: algunos tipos de inestabilidad mental permiten que salga a la superficie otra personalidad. Lo único que cabe decir en este caso es que, o bien Chapman es un actor consumado, capaz de engañar incluso a quienes conocieron íntimamente a Lang, o el difunto cirujano realmente "se presenta".

Pero la cuestión de la identidad es sólo un aspecto del asunto. Por importante que pueda ser la prueba de la supervivencia, lo que hace que la gente afluya sin cesar a las diversas clínicas que dirige el doctor Lang es el éxito que éste ha obtenido al curar una amplia variedad de dolencias.

Chapman es un sanador en estado de trance, a través del cual el doctor Lang realiza lo que cabría denominar "operaciones de espíritu", algo por encima del cuerpo. El doctor Lang opera -según él mismo explica- sobre el cuerpo del espíritu, la esencia invisible de cada vida humana, que refleja mala salud en el cuerpo físico y a través de la cual éste puede ser influenciado. Trabaja con instrumentos invisibles, ayudado por un equipo invisible de cirujanos, entre ellos su hijo Basil, que en vida fue también médico.
Una descripción de lo que representa ser sometido a una operación del espíritu nos la ofrece Morton B. Jackson, abogado de Los Angeles (Estados Unidos), quien consultó al doctor Lang respecto a un tratamiento de espondilosis reumática que le aquejaba desde hacía diez años:
Me pidió que, en posición sentada y erguida, me inclinara levemente hacia adelante, y aplicó ligeramente sus dedos en varios puntos arriba y abajo de mi columna vertebral a través de la camisa; antes me había quitado la chaqueta... La naturaleza del tacto, aunque muy leve, parecía relacionada con el manejo y la utilización de instrumentos invisibles... Todo esto mientras nuestra conversación proseguía, aunque tendía más bien a ser unilateral, ya que mientras trabajaba el doctor Lang explicaba lo que estaba haciendo y por qué.
En este caso no hubo cura milagrosa, pero sí una cierta ayuda y menos dependencia respecto a la medicación. El doctor Lang jamás promete una curación, porque con esta terapia no puede haber resultado seguro. No obstante, de vez en cuando se producen notables recuperaciones después del tratamiento.

En 1974, Joseph Tanguy, joven dependiente de una tienda de París, fue sometido a una operación para explorar un tumor cerebral. Se diagnosticó que era maligno, y el paciente fue desahuciado. Sin embargo, el médico de Tanguy conocía la actividad del doctor Lang y aconsejó al joven que le consultara. Después de tres tratamientos a lo largo de varios meses, el tumor se redujo gradualmente, y las subsiguientes pruebas médicas demostraron que había desaparecido por completo.

Uno de los aspectos más inusuales de la tarea del doctor Lang es el hecho de verse apoyado por numerosos médicos, particularmente en Francia, algunos de los cuales le envían regularmente sus casos más difíciles. Varios médicos han certificado la exactitud de sus diagnósticos y la efectividad de su tratamiento. El doctor G., del sureste de Francia, dice:
Soy médico desde 1970, y tengo la gran satisfacción de conocer al doctor Lang desde 1975. Deposito en él mi entera confianza. El diagnóstico del doctor Lang no depende del interrogatorio del paciente: es un diagnóstico instantáneo. Antes incluso de que uno pueda decirle dónde le duele, él es capaz de enunciar cuál es el problema. Lo dice con precisión, con una exactitud sorprendente, y con detalles para cuyo conocimiento cualquier otro médico necesitaría radiografías y modernas pruebas de laboratorio.
En la obra Surgeon from another world (Cirujano de otro mundo), de George Chapman en colaboración con Roy Stemman, el doctor F., de Marsella, atestigua las curaciones que ha realizado Lang:
Desaparición en una sesión y curación de un tumor cerebral maligno en un niño de poca edad. En una sesión, un niño de siete años que había estado completamente paralizado desde su nacimiento empezó a andar a gatas. Desaparición del dolor en casos de artritis muy agudos y avanzados, especialmente coxartritis (que afecta a la cadera). Desaparición de cálculos de la vesícula biliar, etc.
Parece haber pocas dudas respecto a que Chapman ha sido aceptado como un médium bona fide de William Lang por aquellos que conocieron y amaron al médico en su existencia terrenal. Tampoco existe ninguna razón para dudar de la entrega por parte de Chapman. Éste trabaja prácticamente sin cesar, viajando entre Inglaterra, Europa y los Estados Unidos, con un equipo de secretarias para atender al incesante diluvio de correo y peticiones de visita.

Inevitablemente, ha sido el éxito en las curaciones lo que ha excitado la imaginación del público, pero la curación no es el único objetivo de la asociación entre George Chapman y el doctor Lang. Chapman está seguro de que la finalidad de la misma es algo más profundo que el alivio de dolores y sufrimientos, por grande que pueda ser el valor de éste. Como dice en Surgeon from another world: «El verdadero propósito del retorno de su espíritu [el del doctor Lang] no es solamente, y de ello estoy convencido, curar a las personas enfermas. Es tocar el alma y darnos una nueva y convincente percepción y comprensión de la realidad espiritual que nos rodea.»

Los que han conocido al doctor Lang y han sido tratados por él, poseen su propia experiencia para reflexionar al respecto. Otros que aún no la tienen cuentan con los tributos y testimonios de pacientes, ex colegas y familiares como materia de reflexión. A diferencia de tantos otros capítulos en la historia de los médiums, la prueba del retorno del doctor Lang resiste a mucho más que una simple investigación superficial.
 Nada de lo que escuches, sin importar quien lo diga. Nada de lo que leas, sin importar dónde esté escrito. Nada debes aceptar, sin previo discernirlo. Y por ti mismo, deberás decidir su validez o no. ¡Investiga! Cometa Azul Te saluda

martes, 11 de septiembre de 2012

Hermanas Fox: Fundadoras Del Espiritísmo

 
Unos extraños golpeteos en casa de la familia Fox causaron sensación en los Estados Unidos; muchas personas los consideraron como la prueba de la comunicación entre vivos y muertos.
 
 
 
Lo que le sucedió a Margaretta Fox y a sus hermanas, si las apariencias no engañaban, fue el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. Una prueba concluyente de que podemos comunicarnos con los espíritus de los muertos –lo que presupone que los muertos existen en forma de espíritus con los que es posible la comunicación– significaría el fin de miles de años de especulación: se demostraría que la muerte no es el fin de la vida, sino el traslado de la existencia a otro plano superior. De ahora en adelante, nuestro paso por la Tierra podría ser considerado no como un breve incidente biológico sino como parte de un proceso mayor. Esto, y nada menos que esto, parecía quedar demostrado por lo que ocurrió en un pequeño chalet de madera en el pueblo de Hydesville, en él estado de Nueva York, el 31 de marzo de 1848. Esta «apertura» marcó el comienzo del movimiento espiritista moderno, cuyos adherentes alcanzarían posteriormente cifras millonarias en todo el mundo.

Los hermanos Fox eran siete, pero sólo tres participaron en los hechos: Leah, que tenía treinta y cuatro años en 1848, Margaretta, de catorce, y Catherine, de doce. El relato definitivo del incidente, que hizo época, lo proporcionó la madre cuatro días después en una declaración jurada, y ratificada como exacta por su marido. Contó que la casa donde vivían provisionalmente había padecido temblores inexplicables en las paredes y muebles, ruidos de pasos y golpes en las paredes y puertas. La familia llegó «a la conclusión de que la casa debía albergar a algún espíritu inquieto y desgraciado».

Cansada por las molestias, la familia se acostó temprano la noche del viernes 31 de marzo. Margaretta y Catherine –las únicas que vivían aún con sus padres– sentían miedo de los ruidos y se habían instalado en la habitación de sus padres. Sin duda, fue la presencia tranquilizadora de su padre y su madre lo que animó a las chicas a responder con tanto descaro cuando comenzaron los golpeteos.

Las niñas oyeron los golpes y trataron de hacer un ruido parecido, chasqueando los dedos. Mi hija menor, Cathie, dijo: «Señor Slipfoot, ¡haga como yo!», golpeando las manos. El sonido dio inmediatamente la misma cantidad de golpes. Cuando ella se detuvo, el sonido cesó un rato. Entonces Margaretta dijo, en broma: «No; haga como yo. Cuente uno, dos, tres, cuatro», golpeando las manos al mismo tiempo, y los golpeteos volvieron como antes. Tuvo miedo de repetirlo...

De esto pasaron gradualmente a comunicaciones más elaboradas, usando un código alfabético por medio del cual se descubrió que los golpes eran obra de un espíritu; finalmente, la entidad se identificó como un buhonero de treinta y un años que afirmaba haber sido asesinado en esa misma casa y cuyos restos estaban enterrados en el sótano.

Acudieron vecinos a verificar lo que ocurría; ellos también escucharon los golpes, hicieron sus propias preguntas y recibieron respuestas. Al día siguiente llegaron más visitantes y por la noche, a petición del espíritu, algunos hombres se pusieron a excavar en el sótano, para ver si podían comprobar la historia; desgraciadamente el pozo se llenó de agua y hubo que abandonar el intento.

 
FAMILIA FOX
 
 Para la familia Fox, en aquel momento, se trataba de la presencia de un fantasma. A lo largo de la historia se han dado miles de relatos en que los muertos vuelven a la Tierra para transmitir mensajes o advertencias a los vivos, pero en este caso aparecía un nuevo elemento: una conversación entre vivos y muertos. Posteriormente una historiadora del movimiento espiritista, Emma Hardinge Britten, observó que eso significaba que no sólo el buhonero supuestamente asesinado, sino legiones de espíritus, buenos y malos, encumbrados e inferiores, podían comunicarse con la Tierra en ciertas condiciones incomprensibles para los mortales; que esas comunicaciones eran producidas por medio de las fuerzas del magnetismo espiritual y humano, en una afinidad química; que las variedades del magnetismo de diferentes individuos proporcionaban «poder mediúmnico» a unos y se las negaban a otros.

Al principio nadie entendió esas sutilezas, pero estaba claro que las hermanas Fox, de alguna manera, estaban dotadas para recibir esas comunicaciones: los golpeteos sólo se presentaban en su presencia y, además, ocurrían dondequiera que fueran ellas. Como sus vidas habían sido trastornadas por la publicidad, las niñas y su madre se marcharon de Hydesville y se instalaron en casa de la hermana mayor, Leah, en Rochester, pero los golpeteos viajaron con ellas. Una y otra vez los mensajes insistían: «Habéis sido elegidas para comparecer ante el mundo y convencer a los escépticos de la gran verdad de la inmortalidad.»

Si ese mensaje hubiese llegado, un buen día a unas escolares jóvenes e ignorantes de un distrito rural, podría haber supuesto una prueba convincente de que seres en otro plano de existencia trataban de comunicarse con nosotros en la Tierra. Pero la situación no era tan simple, ya que esas ideas eran corrientes en los Estados Unidos durante los años 1840.

En el siglo anterior hubo gente que consideró el recién descubierto mesmerismo no como un estado mental alterado que podía ser explicado en términos humanos, sino como un proceso previsto para permitir la comunicación con los espíritus. La controversia continúa. Dos años antes de los acontecimientos de Hydesville, un comentarista anotó que «periódicos y revistas rebosan de mordaces discusiones en torno al magnetismo y la clarividencia».

Ese comentarista era Andrew Jackson Davis, un místico norteamericano semianalfabeto que, en estado de trance, producía libro tras libro de sorprendentes revelaciones acerca de la vida, del Universo, de cualquier cosa. El hecho de que sus relatos estén plagados de errores no favorece su credibilidad, pero en su época muchos aceptaron sus predicciones acerca de una nueva era:

Es verdad que los espíritus se comunican entre sí mientras uno está en el cuerpo y el otro en una esfera más elevada, y eso también cuando la persona que está en el cuerpo no es consciente del influjo, y por lo tanto no puede ser convencida del hecho; y esta verdad seguirá presentándose en forma de demostración viva y el mundo saludará con deleite la llegada de esa era en que el interior de los hombres se abrirá y se establecerá una comunicación intelectual, como la que ahora poseen los habitantes de Marte, Júpiter y Saturno.
 
El Amanecer De Una Nueva Era
A partir de semejantes declaraciones no es sorprendente que Davis haya sido considerado el san Juan Bautista del movimiento espiritista. Sus escritos inculcaron una sensación de expectativa en los Estados Unidos y explican por qué el público interpretó rápidamente los acontecimientos de Hydesville como signos de una nueva era.

Las cosas avanzaron con extraordinaria rapidez. Mientras ellas vivían con su hermana Leah, en Rochester, los espíritus explicaron a las chicas que debían alquilar el salón más grande de la ciudad y dar una demostración de sus poderes; lo hicieron el 14 de noviembre de 1848. Ahora, por fin, todo el asunto había salido a la luz y pronto se vio que la opinión pública estaba claramente dividida entre los adherentes entusiastas que habían estado esperando una revelación de este tipo y los escépticos, no menos decididos, que veían estas manifestaciones como una impostura en el mejor de los casos y como obra del demonio en el peor.

Las emociones estaban exacerbadas. Las chicas fueron ridiculizadas y sufrieron con frecuencia agresiones físicas; hasta se atentó contra sus vidas. Cuando un comité investigó los fenómenos y no pudo encontrar pruebas de superchería, sus conclusiones fueron ignoradas y se nombró un segundo comité, más severo. Cuando también éste informó que no había encontrado pruebas de engaño, los enemigos de las chicas se enfadaron aún más. Las hermanas Fox no podían llevar una vida normal. Se marcharon de Rochester a Troy, después a Albany, capital del estado, y finalmente a Nueva York, donde llegaron en junio de 1850.

Aunque es cierto que los procedimientos de investigación eran primitivos, desde el punto de vista actual, debemos aceptar que los neoyorquinos que acudieron a ver a las hermanas Fox no estaban dispuestos a que nadie se burlara de ellos; cientos de espectadores acudieron dispuestos a ser los que revelarían al mundo cómo se fraguaba la impostura, y salieron –si no persuadidos de que el mensaje de los espíritus era genuino– convencidos de que el fenómeno desafiaba las explicaciones normales. Horace Greeley, director del Tribune y uno de los hombres más influyentes del país, estaba persuadido de la honestidad de las chicas y se transformó en su ardiente paladín.

.
A esas alturas habían aparecido otros médiums que pretendían emular a las hermanas Fox, pero ninguno amenazó su preeminencia. Los fenómenos evolucionaron desde las preguntas y respuestas por medio de golpes hasta la escritura automática y las manifestaciones en voz alta, culminando en la comunicación oral, en la que los espíritus se «apoderaban» de las médium. Los mensajes eran acompañados por toda clase de fenómenos físicos: movimientos de muebles, teleportaciones, levitaciones de los asistentes o de la médiums, toda clase de ruidos y una amplia variedad de fenómenos luminosos. Una y otra vez, las hermanas fueron puestas a prueba, con más severidad cuando Kate se sometió a las investigaciones de William Crookes mientras visitaba Inglaterra. Crookes dio fe de su autenticidad con persuasiva insistencia:

Durante varios meses he disfrutado de la oportunidad casi ilimitada de comprobar los diversos fenómenos que ocurrían en presencia de esta dama, y examiné especialmente los fenómenos auditivos... Parece que sólo es necesario que coloque su mano en cualquier sustancia para que se produzcan en ella fuertes golpes, como una pulsación triple, que a veces son tan fuertes que se oyen a varias habitaciones de distancia. He escuchado... esos sonidos que provenían del suelo, las paredes, etc., cuando las manos y los pies de la médium estaban sujetos, cuando estaba de pie sobre una silla, cuando estaba suspendida del techo en un columpio y cuando se desvaneció en un sofá... Los comprobé de todas las formas que se me ocurrieron, hasta que tuve que llegar a la conclusión de que eran hechos auténticos y objetivos, no producidos mediante trucos o medios mecánicos.

Pero no todos estaban tan convencidos. Desde el principio, los escépticos afirmaron que las hermanas hacían trampa. Nunca lograron demostrar sus afirmaciones, y las explicaciones que proponían eran, en general, totalmente inadecuadas. Pero sus teorías iban a recibir un inesperado apoyo, primeramente de la familia de las hermanas Fox y después de las mismas médiums.
 
¿Confesión o Confusión?
El día en que las hermanas Fox admitieron haber cometido fraude, fue un día feliz para los escépticos. No obstante, esta confesión fue posteriormente revocada. ¿Qué pensar de las fundadoras del espiritismo?

Tres años después de aquellos acontecimientos que marcaron época, ocurridos el 17 de abril de 1851 en casa de la familia Fox, en Hydesville (Estados Unidos), una tal señora Culver hizo unas declaraciones en Arcadia (Nueva York) que causaron gran revuelo. Estaba emparentada con los Fox, ya que la hermana de su marido era la esposa de David, hermano de las Fox. Declaró que:

Durante dos años había creído sinceramente en la comunicación por golpeteos; sin embargo, algo que vi en una visita que hice a las hermanas me hizo sospechar que hacían trampa. Decidí que de alguna manera debía salir de dudas, y algún tiempo después me ofrecí a Catherine para ayudarla en sus demostraciones. 

Catherine, al parecer, aceptó de buen grado su ofrecimiento, y pasó a enseñarle cómo se hacían los trucos:
Los golpes se producen con las puntas de los pies. Hay que utilizar todos los dedos. Después de practicar durante casi una semana, con Catherine al lado enseñándome, también yo fui capaz de producir estos golpes.

Hoy en día es imposible averiguar cuál fue el motivo de la revelación de la señora Culver. Puede que se tratara simplemente de amor a la verdad, o que hubiera por medio una cuestión de celos. A primera vista su revelación no parece que pueda explicar todos los fenómenos relacionados con las hermanas Fox.

Por otro lado, es un hecho que se observó y examinó una y otra vez a las hermanas y que nunca fueron descubiertas en flagrante impostura. Tal como señaló su defensor, Horace Greeley, editor del Tribune, era, en efecto, posible que muchas cosas de las que ellas realizaban las pudiera hacer también un mago en el escenario. Sin embargo éstos eran artistas profesionales con experiencia, y en cambio las dos niñas no poseían las mismas habilidades que ellos, ni estaban entrenadas.

Sin embargo, los razonamientos de sus defensores y los resultados favorables de las investigaciones fueron olvidados cuando el 24 de septiembre de 1888 Margaretta (entonces señora Kane) comunicó a un periodista del New York Herald que tenía la intención de revelar que su actuación como médium había sido un engaño desde el principio basta el fin. Su hermana menor, Catherine (entonces señora Jencken) acudió desde Inglaterra para apoyarla.

El 21 de octubre se congregó en la Academia de la Música de New York una gran multitud que quería oír la confesión:
Estoy aquí esta noche para denunciar, como una de las fundadoras del espiritismo, que todo ha sido un engaño desde el principio al fin, que se trata de la más absurda de las supersticiones, la más vil blasfemia conocida en el mundo.

El New York Herald describió la reacción:
Se produjo un terrible silencio. Todos sabían que se encontraban ante la principal responsable del espiritismo, su fundadora, su más alta sacerdotisa y médium. Se puso de pie sobre una pequeña mesa de pino, calzada sólo con medias. Mientras ella se mantenía inmóvil pudieron oírse diversos golpes fuertes, tan pronto en las bambalinas, como detrás del escenario o en el pasillo... La señora Kane se excitó. Comenzó a dar palmadas, a bailar y chilló: «¡Es un engaño! ¡El espiritismo ha sido desde el principio al fin una farsa! ¡No es más que un truco! ¡No hay nada de verdad en ello!» Siguió un torrente de aplausos.

.
Ese hubiera debido ser el golpe mortal al movimiento de cuyo nacimiento Margaretta era responsable. No obstante, pese a que la mayoría de los presentes quedaron convencidos, otros no, y sus reservas se vieron justificadas al cabo de un año, cuando Catherine primero y Margaretta después se retractaron de su confesión. Margaretta recalcó que todo lo que había dicho en contra del espiritismo era «absolutamente falso». Se negó a decir quiénes la presionaron, pero mencionó que «altas jerarquías de la Iglesia Católica hicieron todo lo que pudieron para que entrara en un convento». De hecho, se había convertido al catolicismo poco después de la muerte de su marido.

También culpó a su hermana Leah, acusándola de haberlas arrastrado a ella y a Catherine en ese asunto. Pudo muy bien ser que Leah animara a sus hermanas menores y que, siendo la que tenía más sentido práctico y visión del futuro, tomara la decisión de embarcarse las tres en un tipo de vida en el que el stress emocional y social era inevitable. No obstante, nunca anteriormente sus hermanas habían mostrado resentimiento.

¿Cuál era, pues, la verdad que se escondía detrás de la confesión y posterior retractación? Indudablemente, si Margaretta era capaz de producir sobre el escenario golpes simulados, demostrando así sus facultades para engañar al público, hay motivos más que suficientes para pensar que también utilizó estos trucos durante sus actuaciones como médium.

La sospecha de que, al menos algunas veces, hacía trampa fue confirmada por una fuente inesperada: su marido. El explorador del Ártico Elisha Kent Kane se había enamorado de Margaretta cuando ésta contaba sólo 13 años de edad. En contra de la voluntad de su familia la estuvo cortejando durante tres años, hasta que finalmente se casó con ella. A su muerte, Margaretta publicó las cartas y versos que él había escrito durante aquellos años. Contenían abundantes pruebas de que su marido creía que hacía trampas. «Oh, Maggie –escribió en una carta–, ¿no te cansas nunca de esta monotonía sin fin de continuos engaños?» Y en otra: «No puedo soportar el pensar que estás enredada en un asunto de maldad y engaños.»

El hecho de que Margaretta autorizara la publicación de estos documentos acusatorios sugiere que era consciente de haber estado empleando trucos. Sin embargo, si aceptamos la declaración hecha en 1888 de que todo fue un engaño desde el principio al final, nos encontramos casi con tantas cuestiones por resolver como si aceptamos que todo es verídico. Una de las personas más famosas que se sentaren junto a las hermanas Fox fue la cantante Jenny Lind, que distinguió entre los fenómenos físicos y mentales: «Aunque vosotras fuerais capaces de producir estos sonidos, es imposible que contestéis las preguntas que me han sido contestadas esta noche.»

Nos han quedado docenas de testimonios contemporáneos de gente convencida –a menudo en contra de su escepticismo inicial– de las cualidades psíquicas de las hermanas Fox. Esto no significa que las actuaciones de las hermanas se aceptaran como lo que pretendían ser.

Muchas personas entre ellas, Horace Greeley, admitían la veracidad del fenómeno como tal, pero mantenían una opinión más abierta con respecto a su naturaleza:
Sea cual sea el origen o la causa de los golpeteos, lo que es un hecho es que las señoritas en cuya presencia se dan estos ruidos no los producen. Las señoritas afirman haber sido informadas de que esto no es más que el comienzo de una nueva era, en la cual los espíritus encarnados estarán más estrecha y claramente conectados con aquellos que han adquirido inmortalidad... De todo esto no sabemos nada, ni podemos aventurar nada. Pero si nos limitáramos a escribir las preguntas que hicimos y las respuestas que obtuvimos durante una sesión, se nos acusaría de haberlo hecho adrede para apoyar la teoría que considera estos fenómenos como manifestaciones de espíritus difuntos.
Parece razonable atribuir las «confesiones» de las dos hermanas menores a los avatares de su vida personal: ambas eran aún colegialas cuando todo comenzó; ambas habían sido catapultadas desde un oscuro medio rural hasta una posición prominente en una de las ciudades más grandes del mundo. El trágico fin de la romántica historia de amor de Margaretta hubiera desequilibrado a cualquier muchacha menos vulnerable. Margaretta se dio a la bebida y a la droga, como había hecho su hermana antes de casarse con el abogado Henry Jencken. A pesar de que este matrimonio le dio dos hijos, terminó también con la temprana e inesperada muerte del marido. En estas circunstancias, y quizás influenciadas también por los enemigos del espiritismo, no es de extrañar que las dos hermanas –ninguna de las cuales fue nunca muy inteligente– llegaran a un estado de confusión en el que la verdad y la falsedad se confundían.

En 1904, cuando todas las hermanas Fox habían muerto, una de las paredes de su vieja casa de Hydesville se derrumbó. Entre las ruinas se encontró los restos de un cadáver. Fue imposible identificar a quién había pertenecido el cuerpo. Sin embargo, constituye una curiosa afirmación del «mensaje» que habían recibido las hermanas Fox medio siglo antes.

 Nada de lo que escuches, sin importar quien lo diga. Nada de lo que leas, sin importar dónde esté escrito. Nada debes aceptar, sin previo discernirlo. Y por ti mismo, deberás decidir su validez o no. ¡Investiga! Cometa Azul Te saluda